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Violencia feminicidia en Sonora. Si no la cuentan, no cuenta

Mercedes Zúñiga Elizalde*

Conforme a la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2017, durante 2016 se presentaron en Sonora 42, 624 delitos por cada 100 mil habitantes, datos que la sitúan en el sexto lugar entre las entidades más inseguras del país, detrás del Estado de México, Baja California, Ciudad de México, Guerrero y Morelos. Según esta encuesta, Hermosillo ocupa el tercer sitio dentro de las ciudades más inseguras de todo México; y mientras los delitos cometidos se incrementan, la denuncia continúa a la baja. Los datos reflejan la percepción que hombres y mujeres tenemos en Sonora sobre la inseguridad que vivimos desde hace varios años a la fecha. Si bien la ENVIPE contempla los homicidios, la violación y otros delitos sexuales, y puede ser una herramienta complementaria para proveer de información sobre algunas expresiones de violencia contra las mujeres, continúa siendo una encuesta ciega al género.

La violencia feminicida es una forma extrema de violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes que puede culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta (suicidio, por ejemplo). Es producto de la violación sistemática de sus derechos humanos. Múltiples conductas y prácticas misóginas que se dan en el hogar, en el trabajo y en la calle, las que subordinan a la mujer y la cosifican, crean, posibilitan y toleran la violencia feminicida. La violencia sexual que viven las mujeres fuera y dentro del hogar, y la que experimentan con sus parejas y familiares, son, en no pocos casos, la antesala del feminicidio.

Los instrumentos estadísticos que dan cuenta de estas violencias son todavía insuficientes y evidencian distintos fallos. Construir bases de conocimiento sobre la complejidad y amplitud de la problemática, sigue siendo una tarea pendiente en nuestro país. La herramienta más importante es la Encuesta Nacional sobre las Dinámicas de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH). El panorama nacional que ésta presenta para 2016 no es nada alentador: alrededor de dos terceras partes de las mujeres de más de 15 años han vivido por lo menos un incidente de violencia de parte de cualquier agresor; cerca de la mitad de las encuestadas sufrieron violencia de su actual o última pareja, esposo o novio; más del 30 por ciento de las mujeres vivieron violencia sexual en los espacios públicos o comunitarios.

Hace apenas algunos lustros, después de un largo proceso de lucha del feminismo,  se incluye la violencia contra las mujeres en la agenda pública de los gobiernos en México. En Sonora, el suceso es todavía más reciente y aparece a cuentagotas. No es sino con las recomendaciones que generó en 2015 el proceso de solicitud de alerta de violencia de género contra las mujeres, cuando el actual gobierno comenzó a instrumentar algunas acciones respecto de la prevención, atención, sanción y combate a la violencia. El proceso está abierto, y a la fecha falta evaluar las acciones emprendidas y los vacíos que todavía no se cubren.

Una de esas acciones es la creación del Banco Estatal de Datos e Información de casos de Violencia contra las Mujeres (BAESVIM), de singular importancia, pues teóricamente de él se esperaría la información por ciudad, por colonia, por población, sobre la situación que guarda el problema en sus distintas manifestaciones y tipos, de tal manera que se pudiera diagnosticar con precisión y dotar de información a partir de la cual se diseñen programas focalizados a fin de combatir la violencia de género y buscar su eliminación.

Sin embargo, hasta el momento los datos que arroja este Banco son insignificantes y no permiten conocer el fenómeno en toda su magnitud. Por ejemplo, de enero a junio de 2017 apenas se reportan 252 casos de violencia familiar, cuando, de acuerdo a la información de Seguridad Pública, es el tercer motivo por el que se llama al 911. En cuanto al feminicidio, solo se registran 9 casos; 15 de  violación y apenas 1 de violencia en el noviazgo, cuando la ENDIREH nos informa que Sonora se encuentra a la cabeza en esta modalidad de violencia.

Para erradicar la violencia contra las mujeres es fundamental que ésta se incorpore de manera central en las políticas públicas de los gobiernos y se instrumenten mecanismos eficientes y confiables que diagnostiquen cabalmente el problema, puesto que si no se cuentan los casos de violencia, no cuentan. El problema queda oscurecido por el subregistro o por la ausencia o fallas de los instrumentos que tendrían que recolectar la información.

La violencia contra las mujeres sigue creciendo y agudizándose la crueldad con la que se practica. Sonora está lejos del paraíso que algunos quisieran imaginar; por el contrario, se encuentra disputándole a otros estados los primeros lugares de los delitos más atroces, como el feminicidio. Ante la deficiencia de los instrumentos para medirla, se dispara la danza de las cifras: ¿Cuántas mujeres son asesinadas, dónde, por qué, cómo? El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) es una de las organizaciones más respetadas en México y de las pocas que se ha dedicado a dar cuenta de este flagelo. De enero a julio de 2017, la sección Sonora del OCNF contabiliza 35 casos, 18 de ellos tan solo en Cajeme.

Para valorar la gravedad de esta cifra, contrastémosla con otra en otro municipio, de otra entidad: el Estado de México. Por considerarse uno de los más mortíferos para las mujeres, se declaró la alerta de violencia de género para varios municipios, entre ellos Ecatepec. Aquí, según expone el diario El País, hasta el 6 de agosto de 1917 se habían contabilizado 15 casos, de acuerdo al seguimiento que hizo una activista a través de información de prensa. El número de habitantes en Ecatepec es poco más de millón y medio; el de Cajeme menos de medio millón.

La no declaratoria de violencia de género que estableció la Secretaría de Gobernación para Sonora, no consideró estos datos, tampoco lo que acontece en otros municipios ni el contexto de  violencia generalizada que posibilita el ocultamiento y la impunidad con la que se cometen los feminicidios y otras violencias. Frente al próximo periodo electoral, cabe preguntarse si habrá cabida para acciones eficaces y probadas que incidan en un cambio radical de los patrones culturales que producen y reproducen las violencias contra las mujeres.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.