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La imagen fue capturada por Esther Padilla Calderón.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El delito como institución social

Francisco Piña Osuna*

En los últimos días, por no decir que últimos meses o años, el delito es parte de la discusión en todos los niveles geográficos. A nivel estatal y municipal, ni se diga. Las cifras que a diario nos emiten las instituciones de seguridad, de procuración de justicia, la prensa escrita y los medios electrónicos son el insumo principal de las discusiones y los análisis sobre el fenómeno delictivo en el contexto del estado de Sonora. Esto solo es un indicador de que el delito se ha vuelto nuestra cotidianeidad y de que las diferentes expresiones delictivas forman parte de un hecho en común: hay una crisis de seguridad generalizada.

Gran parte de la explicación de este fenómeno se ubica en factores de nuestra comunidad: colonias con todos los elementos para que emanen inseguridad; escenarios vandalizados; falta de monitoreo de las autoridades; crisis de programas comunitarios de prevención del delito; leyes que, en caso de aplicarse, aventajan al agresor; fallas en los servicios públicos cuyas anomalías suponen un riesgo para la seguridad de los ciudadanos (pongamos por ejemplo el sistema de transporte o el alumbrado público); desempleo; deserción escolar; abuso de alcohol o drogas, y otros más, son algunos de los elementos que pertenecen al ala que intenta explicar por qué nuestro escenario es un facilitador del delito.

Tratando de buscar la explicación puntualmente en factores de contexto, hemos obviado algo que resulta fundamental en el análisis del fenómeno delictivo: el sujeto que delinque. Las preguntas para un análisis así serían: ¿Qué motivos tiene quien delinque para hacerlo? ¿Qué representa para el infractor ese delito que está cometiendo? ¿Qué pretende lograr con su delito? ¿A dónde pretende llegar el infractor con tal modo de vida? O antes aún ¿el infractor realmente ve en el delito un medio para avanzar en su calidad de vida?

Partamos de algo que nos platica el sociólogo francés Francois Dubet en El declive de la institución (2013), donde señala:

“Una de las principales funciones de las instituciones (la escuela, la familia, la justicia, etc.) es la función de instituir y socializar. La institución se define por su capacidad de promover un orden simbólico y formar un tipo de sujeto amoldado a cierto orden, en definitiva, de instituirle”.

Si llevamos estas características de la institución social hacia las trayectorias de personas que delinquen, podemos ver que el delito representa un medio (a veces el único viable) de normalizarse y estabilizar sus condiciones sociales; también supone una manera de alcanzar movilidad social y de acceder a los objetivos que los demás elementos de la sociedad exigen. Es preciso reconocer que existen casos en que el delito supone una entidad aceptada, justificada y proveedora de la estabilidad material y moral que necesitaban para integrarse de mejor manera a la sociedad. Es un hecho que existen casos en los que delinquir representa el mejor medio, aunque ilegal, para integrarse a condiciones sociales más prósperas.

Tomando en cuenta lo anterior y considerando nuestro contexto ¿Será válido pensar que en el delito el sujeto ve un camino para ascender socialmente y mejorar su calidad de vida? ¿Se puede considerar el robo en sus diversas formas, la extorsión, el asalto a mano armada, el homicidio, el secuestro o la venta de drogas como modos de vida que le permiten al infractor materializar sus metas? ¿Será viable pensar que el delito es un recurso que tiene el individuo para darle a su familia escuela, comida, vestido, un techo con todos sus servicios? ¿Será correcto considerar que hay casos en los que el delito le permite a una persona que sufre de carencias de diversa índole, emparejar sus condiciones sociales a las del resto de la sociedad?

Aunque resulte irónico, el delito puede suponer para una persona una forma de integrarse a la sociedad. Sí, integrarse a la sociedad agrediéndola, pero no hay que descartar el hecho de que esta agresión a las normas le proporciona al infractor los recursos que ocupa para subsistir en su comunidad y eso convierte al delito en un verdadero apoyo institucional. La inclusión de estos elementos al análisis de la delincuencia nos puede hacer entender de una manera más integral este fenómeno. La comprensión de las motivaciones del infractor puede coadyuvar en la implementación de medidas preventivas hacia el fenómeno delictivo, medidas que en este momento tienen carácter de urgente.

*Doctorante de El Colegio de Sonora. Correo-e: fpina@colson.edu.mx