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“Aprendí sobre las experiencias de la actividad empresarial en la producción agrícola”, Padilla Calderón

 

Empresarios, empresas y actividad agrícola en el norte de México: siglo XX, coordinado por Ana Isabel Grijalva Díaz y Juan José Gracida Romo, publicado en Hermosillo, por El Colegio de Sonora, en 2017.

Esther Padilla Calderón

Quiero empezar agradeciendo a los doctores Ana Isabel Grijalva Díaz y Juan José Gracida Romo, por la invitación y la oportunidad de presentar su libro Empresarios, empresas y actividad agrícola en el norte de México: siglo XX, publicado muy recientemente, aquí en Hermosillo, por El Colegio de Sonora. Comparto que la lectura de este libro, me resultó amena y muy interesante. Desde ahora los invito a leerlo. Considero que aprendí justamente sobre las experiencias de empresarios y empresas vinculados de manera predominante a la producción agrícola, en diferentes estados del -sin duda- gran norte mexicano.

En muy diferentes tipos de fuentes escritas se dice que la vida en la frontera implica la reproducción constante de vínculos de diferente carácter entre los sujetos sociales que aunque conscientes de la línea divisoria que los separa, así como de su pertenencia a  diferentes órdenes económicos, políticos y socioculturales, reproducen un complejo mundo propio, a partir de un intenso y lejano contacto que se ha propagado en el tiempo, en medio de una infinita variedad de procesos que han ido produciendo encuentros y desencuentros entre los sujetos que habitan de este lado, y los que habitan del otro, como aquellos que fueron parte de la conformación y expansión de los estados nacionales.

A pesar de que las experiencias sobre empresarios y empresas, que se relatan en este libro ocurrieron en diferentes estados del norte del país, comparten elementos sustantivos y esto guarda relación con el hecho de que son parte de la gran región fronteriza del norte de México. Los vínculos y alianzas entre mexicanos y norteamericanos, las inquietudes y determinación de los mexicanos norteños para reproducir experiencias empresariales como las que podían observar que estaban llevando a cabo los norteamericanos, la decisión de los mexicanos de involucrarse en inversiones, convenios y contratos con actores destacados en la vida económica de la poderosa nación vecina,  arriesgándose, pero también haciendo gala de una valiosa creatividad para enfilarse en la introducción de cambios que consideraban podían resultar benéficos tal vez en última instancia a nivel individual y familiar, pero por qué no, también social, considerando que de este lado de la frontera había condiciones para replicar las experiencias económicamente exitosas que disfrutaban los vecinos del otro lado.

El libro Empresarios, empresas y actividad agrícola en el norte de México: siglo XX, coordinado por Ana Isabel Grijalva Díaz y Juan José Gracida Romo, está constituido por un breve e importante prólogo a cargo de los coordinadores, por un interesante estudio introductorio escrito por la destacada historiadora de la economía Sandra Kuntz, y por seis valiosos ¿estudios de caso?, ensayos, capítulos, escritos por seis expertos en la historia económica moderna del norte de México. Gracias al prólogo sabemos que este libro es en buena medida producto de la reflexión conjunta de estos investigadores que a través de seminarios en los que han puesto en común sus avances y aportaciones, han generado una discusión grupal que les ha permitido enriquecer sus reflexiones individuales y concretar sus esfuerzos investigativos particulares con la escritura de los trabajos que conforman el volumen.

A través del estudio introductorio de Sandra Kuntz sabemos que gracias al trabajo de estos investigadores, que son parte de la Asociación de Historia Económica del Norte de México y de la Asociación Mexicana de Historia Económica, los procesos  económicos del norte mexicano –valga esta redundancia-, son ahora no sólo mejor conocidos sino mejor comprendidos, y de hecho en la actualidad es una de las regiones del país de las que mejor se conoce su historia económica. Para Kuntz esto es debido a que “en el norte ha florecido una empresa académica singular” que conforma “una auténtica red” de investigadores del norte del país (2017, 11). Una red que con su trabajo da cuenta del “proceso más exitoso de desarrollo económico que haya tenido lugar en México”. Desde mi perspectiva todos los trabajos son valiosos y manifiestan aportes importantes que reflejan el compromiso de una “auténtica red” manifestando la clara intencionalidad de avanzar en la consecución de un objetivo común. Sandra Kuntz señala que la temática de la obra “es variada”, tanto como “la temporalidad y delimitación espacial específica” de las que dan cuenta los trabajos, como veremos a continuación (2017, 12).

El primer capítulo titulado “Maíz, agroindustria y desarrollo empresarial desde el noreste, 1946-2012. GRUMA: de pequeña empresa familiar al mercado global”, relata el proceso de desarrollo de una de las empresas más importantes y exitosas nacidas en México, “la multinacional Grupo Maseca, S. A. de C. V.”. Mario Cerutti es el autor de este capítulo. Esta conocida empresa nació a finales de la década de 1940 en un pueblo de Nuevo León, y gracias al contexto económico en el que nace, a los vínculos que la familia fundadora compartía con relevantes actores políticos y a una dirección firme y clara, sorteó las complicaciones que se le presentaron y escaló cada uno de los peldaños que la han llevado a expandirse y crecer hasta internacionalizarse, a tal grado que en 2011 tenía 92 plantas a nivel mundial, en países de América, Europa y Asia. Entre los elementos más importantes del proceso de crecimiento de esta empresa, se cuentan la investigación aplicada al proceso de elaboración de la masa para tortillas, así como la internacionalización y lo que el autor identifica como “la complejidad creciente de la estructura operativa de GRUMA”. En el texto se sugiere –y este es un elemento que en realidad atraviesa todos los trabajos- que la situación fronteriza es determinante de la forma que presentan los procesos de desarrollo empresarial en el norte de México, pues tiene que ver con los modos cómo los empresarios se construyen como tales, es decir, a través de qué vías constituyen un conocimiento que les permite avanzar, reforzar sus proyectos, innovar.

El capítulo dos, titulado “Actividad empresarial en el agro bajacaliforniano. La familia Hussong: del sector servicios a la finca de Ojos Negros y la Bodega Vinícola San Rafael”, de la autoría de Jesús Méndez Reyes, inicia con una vasta contextualización relacionada con el desarrollo económico de México y más concretamente del distrito (territorio) norte de Baja California, contexto en el que estuvieron implicados los efectos económicos de la segunda guerra mundial,  los cambios políticos en México y Estados Unidos, y la reforma agraria mexicana. En este amplio contexto tanto temporal como espacial, se desenvuelve la experiencia de la familia Hussong, y particularmente la de Ricardo Hussong, nacido en California pero naturalizado mexicano, para quien el tránsito entre Estados Unidos y México era algo absolutamente cotidiano. A través de la recuperación de la historia de vida de este hombre, el autor advierte la importancia de la diversificación de los negocios de una familia en un contexto fronterizo, que le permite adaptarse a los cambios y crecer económicamente hasta adquirir la finca Ojos Negros donde los Hussong experimentaron en la producción de uva y llegaron a constituir una de las vinícolas actualmente más tecnificadas de Baja California, la vinícola San Rafael.

Araceli Almaraz Alvarado, ha escrito el tercer capítulo de este libro, titulado “Empresarios en la frontera norte de México en los primeros decenios del siglo XX. Tipos de asociación y redes de empresas en el noreste del Distrito Norte de Baja California”. Como Mario Cerutti, la autora destaca la importancia de las “coyunturas de partida”. Señala que a través del proceso empresarial acaecido en el distrito norte de Baja California se evidencia la importancia de los vínculos “entre empresarios de ambos lados de la frontera”. A lo largo del texto, la autora demuestra que la participación de inversionistas estadounidenses ha sido central en la configuración de alianzas entre mexicanos y estadounidenses, con vistas a desarrollar un negocio en el agro. En el establecimiento de estas alianzas desempeñaron un rol central –como intermediarios- los concesionarios de tierras de origen mexicano que daban lugar a la entrada de capitales extranjeros que se invertían para dar lugar al desarrollo hidroagrícola en amplias superficies del valle de Mexicali. La autora relata “trayectorias de intermediación” de diferentes actores sociales mexicanos a los que califica como “visionarios”, y sugiere que a partir de su labor pudieron sumarse otros profesionistas mexicanos como abogados e intérpretes. La autora identifica diferentes esquemas de asociación con fines empresariales. Este proceso de formación de “red[es] de relaciones de negocios”, dio lugar a experiencias de aprendizaje muy significativas para los mexicanos, a las que la autora otorga un lugar especial como factor de desarrollo del empresariado mexicano de Baja California.

El cuarto capítulo del libro ha sido escrito por Eva Rivas Sada, y se titula “La constitución de las bases productivas de la fruticultura moderna en el noreste, 1895-1950”. La franja agrícola de la Sierra Madre Oriental representa una de las principales regiones productoras de fruta del país, y una de las menos estudiadas a pesar de su importancia económica. Esta sierra de “tierras fértiles”, abundante agua y “clima favorable”, ha jugado desde el virreinato un rol importante “en el abasto de alimentos y materias primas […]”, y bajo estas condiciones vio nacer un empresariado innovador que frente a los cambios económicos internacionales de fines del siglo XIX, optó por cambiar el patrón tradicional de cultivos en la región constituido por “la producción de caña de azúcar, cereales y cría de ganado”, por la producción de naranja, adaptando las variedades Washington Navel  y Valencia. Esta innovación implicó un complejo proceso en el que se articularon los esfuerzos de múltiples actores situados tanto en los Estados Unidos como en México. La autora resalta como factor central del proceso, la innovación en la dimensión biológica, que desde su perspectiva ha aportado los rasgos productivos apropiados para desencadenar una especial “capacidad competitiva”. La organización de los fruticultores de la Sierra Madre Oriental, su asimilación de importantes innovaciones tecnológicas y el notable apoyo del gobierno mexicano, llevó a los empresarios agricultores de la Sierra Madre Oriental a colocarse en el lugar del productor más importante de naranja en el país, hacia mediados del siglo XX.

El quinto capítulo constituye el trabajo particular de los coordinadores del libro, Ana Isabel Grijalva y Juan José Gracida. Se titula “Empresarios agrícolas de trigo y algodón en la Costa de Hermosillo, 1925-1955”. El texto da cuenta con bastante detalle del proceso de expansión de la frontera agrícola en la Costa de Hermosillo y se demarcan con claridad dos etapas como parte del proceso de conformación y desarrollo de un grupo empresarial agrícola que ha sido productor de trigo, maíz, algodón, frijol y alfalfa. Los apoyos del gobierno federal que recibieron estos productores a través de la denominada banca de desarrollo, fueron fundamentales en el proceso, y el desarrollo tan notable fue posible principalmente por la explotación del agua subterránea a través de pozos profundos, la cual fue utilizada de un modo tan poco sustentable -en la producción de trigo y algodón- que terminó convirtiéndose en un recurso no renovable en la región. El desarrollo de esta región de Sonora ha sido polémico, y entre otros importantes elementos los autores señalan que “hubo diferencias muy marcadas” en la entrega de créditos a los diferentes grupos de productores de la región por parte del Banco Nacional de Crédito Agrícola.

Ernesto Clark Valenzuela, es autor del sexto y último capítulo de esta obra, titulado “La agricultura comercial en el valle del Mayo, Sonora, 1920-1940”. Como en el caso anterior, este autor se ve en la necesidad de contextualizar a partir de una comparación con el desarrollo tan significativo del vecino valle del Yaqui, y señala que no obstante el crecimiento agrícola tan significativo de éste, el desarrollo agrícola de carácter moderno inició antes en el valle del Mayo. El autor realiza un interesante recorrido histórico que nos permite advertir qué actores sociales estuvieron involucrados en el desarrollo hidroagrícola y qué elementos de carácter tecnológico fueron siendo emplazados en diferentes momentos del periodo que estudia. A través de este trabajo podemos conocer los nombres de los numerosos sujetos sociales y las organizaciones que conformaron con el objetivo de desarrollar desde una visión capitalista, el territorio ancestral de los indios mayo.

Los capítulos que constituyen el libro están claramente centrados en el tema “empresarios” y en las empresas que estos actores han desarrollado. Los autores en general han recurrido a la revisión de los principales trabajos preexistentes de acuerdo con sus temáticas particulares. Han sido muy minuciosos al señalar lo que estos trabajos han aportado a sus investigaciones, y es fácil advertir la originalidad de sus aportes. Todos hablan de sus fuentes y refieren a la trayectoria de empresarios con nombres y apellidos. En algunos de los capítulos se destaca la centralidad de los procesos agrarios en el desarrollo de los procesos económicos y de formación empresarial, a veces como un factor a favor y a veces como factor en contra. La mayor parte destaca los procesos de aprendizaje, de construcción de conocimientos con respecto a una experiencia productiva específica. Así, el conocimiento –materializado en tecnologías- es elemento nodal en el desenvolvimiento de la mayor parte de estas experiencias productivas, es decir, en el desarrollo de empresarios y empresas en el norte mexicano. Como ha sido señalado en uno de los capítulos “los estudiosos de la historia empresarial aseveran que el empresario no es sólo la persona que contrata mano de obra y dirige el negocio, también es un agente social y económico que organiza la producción, evalúa y toma riesgos, diagnostica la situación política prevaleciente, innova, cabildea, busca reducir los costos de transacción y diversifica su capital” (2017, 99).