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Tradición vs Modernidad

Zulema Trejo Contreras*

Los espacios donde se observa el contraste entre la tradición y la modernidad son cada día mayores, prácticamente no es necesario ir de un sitio al otro para encontrar estas paradojas que son producto en su mayor parte de las circunstancias socio-económicas por las que atraviesa la sociedad, a fuerza de subsistir juntas han “aprendido” a vivir en armonía. Este contraste es quizá más acusado en lugares del sur del país que en el norte. En estados como Chiapas y Oaxaca la magnificencia de sus edificios coloniales, la modernidad de los edificios públicos, de las cadenas hoteleras contrasta vivamente con la colorida pero muy ajada ropa de los indígenas que recorren sus calles vendiendo sus artesanías, sus servicios como guías turísticos formados en la práctica, y el hambre, me atrevo a decir. Contrastas los pies desnudos o enfundados en calzado desgastado de estos hombres y mujeres que van de restaurante en restaurante, de atracción turística en atracción turística, con los visitantes que los miran con condescendiente curiosidad mientras les toman una foto o les regatean sus mercancías.

Esa imagen del indígena que ofrece sus artesanías una y otra vez al punto de volverse frustrante, ¿es el folklor que ofrecemos a los turistas internacionales que abarrotan Pátzcuaro y Oaxaca cada día de muertos?, ¿son tradiciones esos espectáculos en cuyos altares de muertos conviven armónicamente las tradicionales calaveras mexicanas, con las calabazas de halloween?; ¿las procesiones de zombies y vampiros que casi devoran a las antiguas comparsas? Estas y otras preguntas surgieron en mi mente mientras observaba las festividades diurnas y nocturnas del día de muertos oaxaqueño. Me pregunté así mismo si los visitantes que disfrutan alegremente de comida y bebida, tomando fotos a diestra y siniestra pensarán alguna vez que están retratando la desnutrición, la desesperanza, el desempleo de los mexicanos que viven en extrema pobreza; ¿se habrán dado cuenta que lo presencian y fotografían es más un espectáculo preparado para ellos, en la que poco queda de sus elementos originarios?

No estoy diciendo que las etnias de México hayan convertido sus tradiciones en un espectáculo, de ninguna manera, lo que comento es que cada vez se va diluyendo un poco más la esencia de esas tradiciones, ¿por qué?, ¿por qué el sincretismo se ha ido incrementando con el paso de los años?, ¿por qué las necesidades económicas han orillado a resaltar aquello que atrae y marginar lo que repele? No lo sé, encontré respuesta sino más preguntas mientras caminaba siguiendo una procesión, abriéndome paso entre niños y adultos disfrazados ya de catrinas y calaveras, o de zombis. Sin embargo ninguna de estos cuestionamientos es tan importante como éste ¿hasta cuándo seguiremos ofreciendo pobreza disfrazada de folklor a los turistas extranjeros que visitan México?

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.