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El frente amplio opositor: PRD-PAN-MC

José Eduardo Calvario Parra*

Desde la campaña electoral pasada, se ha puesto a discusión sobre todo en la opinión pública la idea de la formación de un Frente Amplio Opositor (FAO) que le gané en 2018 al PRI, y por ende para que el gobierno actual no repita sus siglas partidistas. Este frente lo conforman los partidos de Accion Nacional, de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano. Desde mi punto de vista, estimados/as, esto es una ilusión perversamente construida o ingenuamente aceptada. Claro, es así si se comparte el siguiente postulado: el régimen político mexicano no es reflejo en automático de la llegada o no del partido oficial al poder, cierto es que es una pieza muy importante pero no la única o la más.

Aglutinarse en torno a un objetivo iluso como el de derrotar al PRI implica suponer que con solo ese hecho se garantiza o se frena la actual crisis política social. Y digo crisis porque el grado en que la corrupción y la inseguridad pública han llegado es reflejo de la incapacidad o falta de mecanismos por parte del régimen para afrontar, mitigar o resolver dichos desafíos. Cuando se insiste en la necesidad de un frente amplio opositor (hoy llamado Frente Amplio Ciudadano) se olvida un hecho insoslayable: uno de los convocantes ya formó parte del gobierno de la república, el partido de Acción Nacional (PAN), y prácticamente no hubo grandes cambios que indicarán nuevos rumbos o soluciones alternativas a las actuales. Simplemente no hubo cambios porque el otrora partido en el poder tanto con el expresidente Vicente Fox como su sucesor Felipe Calderón, comparten y compartieron concepciones ideológicas, visiones de Estado, de política pública, similar a la actual administración. Pero tanto el FAO como su alternativa, MORENA, fallan en la idea de confundir el régimen político y la administración pública federal como equivalentes. Los dos comparten la idea de que al llegar otro partido al poder, se desvanecerá como por actos voluntarios los rasgos estructurales negativos que caracterizan al régimen. Andrés Manuel López Obrador, seguro candidato al gobierno de la república, y actual presidente del partido MORENA, tiene la certeza que en caso de ganar también lo harán en las cámaras respectivas del congreso de la unión. El régimen no lo conforma solo los poderes formales de la unión sino un conglomerado de redes institucionales que persiguen intereses que se concatenan para perpetuarse no solo en el poder político sino que buscan adecuaciones en el terreno económico, y su éxito es debido en buena medida al proceso de hegemonía cultural. Con lo anterior quiero decir que cualquier partido político opositor que llegué al poder no se traduciría en automático en un cambio de régimen. El cambio tendría que ser de más largo aliento, y sobre todo, profundo. El régimen político mexicano interactúa con una base social y cultural que promueve estilos y formas de acciones públicas. Lo anterior no equivale a decir que la corrupción como problema concomitante del régimen sea cultural en términos de inevitabilidad y arraigo social sino más bien que dadas las condiciones estructurales de desigualdad, produce incentivos para distorsionar actividades y funciones públicas.

Regresando al tema del FAO, es evidente el contrasentido de abogar por un cambio de régimen por parte del PAN si al estar en el poder lo afianzaron. Para el ciudadano/a común y corriente, quizás le dé la misma y lo que quiera sea más seguridad pública, menos corrupción, y en definitiva una mejor calidad de vida independientemente de quién ejerza el poder, y qué sistema político y económico esté funcionando a su alrededor. En dicha lógica, da lo mismo el FAO, o MORENA, o Pedro Ferriz; la trampa es que se intente reproducir la idea de que con la llegada de un partido, o personaje público, se desvanece casi al instante el régimen político mexicano, y con ello, se supone, los grandes problemas nacionales. El Frente Amplio Opositor necesitará toneladas de argumentos para “vender” la idea de que van por un proyecto político amplio, sin intereses partidistas, y por un cambio de régimen. Si logran articular una propuesta creíble, y por tanto, convincente sin recurrir a las artimañas tradicionales (gasto excesivo de campaña, infundios y mentiras hacia el o la contrincante, recursos oficiales de los municipio o estados donde gobiernan, etc.) podrá ser a los ojos de muchos/as una opción viable. Por lo pronto, con la salida de Margarita Zabala, esposa del expresidente Calderón, el panorama se les complica. La moneda está en aire. Águila o sol, lo sabremos en los próximos meses.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.