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La imagen fue capturada por Alejandro Navarro.

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La Vaquita se va

Alvaro Bracamonte Sierra*

Murió la vaquita marina rescatada en el Alto Golfo cuando era trasladada a un refugio para su reproducción en cautiverio. Es una noticia lamentable para los científicos y ambientalistas que luchan incansablemente, desde hace más de dos décadas, por conservar esa especie en peligro de extinción. El experimento demostró que no resiste la cercanía del ser humano y, como estrategia, ha quedado cancelado hasta nuevo aviso. Seguramente seguirán intentando localizar nuevos ejemplares para repetir el ejercicio, pero ahora con mayor cuidado y experiencia.

La noticia es también un descalabro para autoridades y pescadores que realizan su actividad en esa remota región de Sonora. Lo es porque la preservación de la vaquita marina se ha convertido en pieza medular de la política ambiental del Estado mexicano, como consecuencia de la amenaza de boicot insinuada por el Gobierno de Estados Unidos en caso de materializarse la desaparición del cetáceo. Lo es también para los pescadores de camarón, curvina golfina y otras pesquerías a quienes el temido boicot supondría el cierre del mercado para sus productos, lo que representaría grandes pérdidas y con ello el deterioro de las localidades avecindadas en el polígono que conforma la Reserva del Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado. Allá en la meritita punta de la entidad.

Para bien de estos pobladores que viven de la pesca y para bien de la imagen que México procura promover en el concierto internacional, más vale que los investigadores e instituciones involucradas en el rescate de la vaquita resuelvan pronto la contingencia, pues de lo contrario los problemas de las comunidades pesqueras se acentuarán y, por si fuera poco, aumentará el deterioro del prestigio nacional, lo que será un pretexto más para que Trump arremeta nuevamente contra México.

Ojalá que los especialistas encuentren la solución para que la vaquita marina pueda reproducirse en cautiverio y que el Estado mexicano, a través de la Semarnat, no escatime los recursos requeridos en la tarea que ahora desarrollan científicos y biólogos marinos.

Independientemente de los problemas que registra su preservación, vale la pena anotar avances y dificultades registrados a lo largo de casi tres décadas de esfuerzos. Recordemos que la región del Alto Golfo de California fue afectada por un decreto presidencial que hizo de esa zona un área protegida. La decisión fue resultado de las presiones que grupos ambientalistas norteamericanos enderezaron hacia el Gobierno mexicano a fin de que aplicara medidas de protección a especies sobreexplotadas. La totoaba era una de ellas, también la vaquita marina. Aunque los estudios exploratorios que justificarían la protección de la zona no habían concluido, sorpresivamente se publicó el decreto. Tal precipitación fue un guiño a Estados Unidos, particularmente al joven presidente Clinton, quien condicionó el apoyo al TLC a la firma de dos capítulos complementarios, uno de ellos relacionado directamente con el medio ambiente.

El área reservada para protección incluía el hábitat natural de la vaquita, que desde entonces ya se consideraba en peligro de extinción. Los censos de aquellos años hablaban de una población que en promedio oscilaba en 700 ejemplares. Pese a los esfuerzos desplegados para preservarla, el número bajaba inevitablemente. A juzgar por esos resultados, es posible sostener que las medidas no fueron efectivas pese a las muchas acciones emprendidas y a que estaban involucradas la mayoría de las organizaciones no gubernamentales dedicadas a la conservación, como Conservation International, WWF, Pronatura, entre otras.

Ha pasado el tiempo y la situación, como resulta evidente, está peor que al principio. Haciendo un corte de caja, podría decirse que el problema de la preservación de la vaquita estaba en otra parte: los pescadores negaban su existencia y la autoridad alcahueteaba de alguna manera esa negativa. Algo ha cambiado a la fecha: hoy los pescadores reconocen su existencia y las autoridades por fin están comprometidas con su conservación. Más les vale. Por lo menos esto es un avance; ojalá no sea demasiado tarde.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.