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La imagen fue capturada por Tania Reyes Woodhouse.

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El Buen Fin

Alvaro Bracamonte Sierra*

Ante la urgencia de cambiar un aparato de línea blanca, visité varios comercios locales el fin de semana. No era, por supuesto, cualquier fin de semana sino, precisamente, el “Buen Fin”. Nunca me había tocado hacer compras en esta época y lo que pude apreciar me generó sensaciones agridulces. En principio, da gusto ver tanta gente arremolinada en los anaqueles y aparadores revisando la mercancía y comparando precios; es bueno porque ese consumismo puede ser la alternativa ante una eventual cancelación del TLC o, dicho de otra manera, muestra que el mercado interno tiene potencial para atenuar los posibles efectos negativos de un eventual cierre del intercambio transfronterizo.

Vale decir que en su mayoría las promociones y ofertas son reales y ciertamente competitivas con las de almacenes de Phoenix u otras ciudades de Arizona. Por ejemplo, corroboré rebajas de 30 por ciento a las que se agregaba otro descuento de 20  y otro más de 10 por ciento si el pago se haría al contado. Aplicadas todas estas deducciones, el precio que al final quedaba resultaba comparable con el de los malls del otro lado, con la ventaja de que la mercancía está aquí.

Al circular por las calles y bulevares de Hermosillo fue fácil apreciar que casi todo el comercio organizado se hizo partícipe del “Buen Fin”. Las tiendas de autoservicio no podían faltar, eran precios tan bajos que parecían increíbles; sólo por dar un ejemplo, el plátano se vendía a cuatro pesos el kilo: una verdadera ganga. Lo mismo ocurría en las tiendas departamentales ubicadas sobre el Río Sonora o a la salida oriente de la capital. Son los malls locales que a veces logran el efecto de hacer olvidar a los del vecino del Norte. En éstos, el amontonamiento de la gente llegaba a ser incómodo y los encargados del servicio al cliente se veían rebasados ante las largas filas de compradores que preguntaban por ésta o aquella oferta.

El rostro de los empleados reflejaba el cansancio de horas y horas de atención al cliente. Lo mismo se podía observar en las grandes ferreterías, donde el estado de pasillos y anaqueles daba la sensación de que había pasado un huracán: todo estaba desordenado y muchos estantes lucían vacíos, pues la mercancía había “volado” gracias al descuento ofrecido.

Estas escenas se repitieron también en los negocios de autopartes, particularmente en los que venden llantas. A simple vista, la competencia parecía feroz y ningún distribuidor quería quedarse rezagado: compras tres y te llevas la cuarta gratis: 25, 30 e incluso mayor porcentaje de descuento aparecían entre las oportunidades. Son promociones que, definitivamente, valía la pena aprovechar y así fue, a juzgar por el número de compradores observados en los distintos comercios. Probablemente la mayoría de las compras se hizo vía crédito, con pagos de 6, 12 o hasta 18 meses sin intereses. El financiamiento al consumo es una de las ventajas competitivas del comercio local frente al de Arizona; es el gancho que convence a los clientes a comprar aquí y no tener que viajar al otro lado.

Al observar el torbellino de hermosillenses dando rienda suelta al consumismo, pensé que algo bueno debería tener esa euforia desatada. Como se dijo, es posible que en esa fiebre se ubique el sendero que permita reorganizar una economía que ahora vive en la incertidumbre debido a su insana dependencia del comercio foráneo.

Que compremos más en México facilita la consolidación de un mercado interno dinámico y vigoroso. Si hasta ahora es positiva la ola consumista derivada del “Buen Fin” ­­—se calcula en poco más de 100 mil millones de pesos la derrama económica—, imagínese qué sucedería si los salarios fueran mejores. Se sabe que está pendiente un incremento significativo del ingreso de los trabajadores. Ojalá que esta asignatura pronto se cumpla. Si en el futuro ese poder de compra aumenta y al mismo tiempo se consolida una política agresiva de promociones en el comercio organizado, como las del “Buen Fin”, entonces definitivamente la dinámica de la economía mexicana y regional descansaría en el mercado interno. Ese horizonte es interesante.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.