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El frente amplio opositor: PRD-PAN-MC

J. Eduardo Calvario Parra*

Desde la campaña electoral pasada se ha puesto a discusión, sobre todo en la opinión pública, la idea de la formación de un Frente Amplio Opositor (FAO) que le gane en 2018 al PRI y, por ende, para que el Gobierno actual no repita sus siglas partidistas. Este frente lo conforman los partidos Accion Nacional, de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano. Desde mi punto de vista, estimados/as, esto es una ilusión perversamente construida o ingenuamente aceptada. Claro, es así si se comparte el siguiente postulado: el régimen político mexicano no es reflejo en automático de la llegada o no del partido oficial al poder. Cierto es que es una pieza muy importante, pero no la única.

Aglutinarse en torno a un objetivo iluso como el de derrotar al PRI implica suponer que con ese solo hecho se garantiza o se frena la actual crisis política social. Y digo crisis porque el grado al que la corrupción y la inseguridad pública han llegado es reflejo de la incapacidad o falta de mecanismos por parte del régimen para afrontar, mitigar o resolver dichos desafíos. Cuando se insiste en la necesidad de un frente amplio opositor (hoy llamado Frente Amplio Ciudadano), se olvida un hecho insoslayable: uno de los convocantes ya formó parte del gobierno de la república: el partido de Acción Nacional (PAN), y prácticamente no hubo cambios que indicaran nuevos rumbos o soluciones alternativas a las situación actual. Simplemente no hubo cambios porque el otrora partido en el poder, tanto con el expresidente Vicente Fox como con su sucesor Felipe Calderón, comparte y compartió concepciones ideológicas, visiones de Estado, de política pública, similares a la actual administración. Pero tanto el FAO como su alternativa MORENA confunden el régimen político y la administración pública federal al creerlos equivalentes. Los dos comparten la idea de que al llegar otro partido al poder, los rasgos estructurales negativos que caracterizan al régimen se desvanecerán por actos voluntarios. Andrés Manuel López Obrador, seguro candidato al gobierno de la república y actual presidente del partido MORENA, tiene la certeza que en caso de ganar, también lo harán en las Cámaras respectivas del Congreso de la Unión. Al régimen no lo conforman solo los poderes formales de la unión sino un conglomerado de redes institucionales que persiguen intereses que se concatenan para perpetuarse en el poder político y que buscan adecuaciones en el terreno económico. Su éxito se debe en buena medida al proceso de hegemonía cultural. Con lo anterior quiero decir el arribo de cualquier partido político opositor al poder no se traduciría, en automático, en un cambio de régimen. El cambio tendría que ser de más largo aliento y, sobre todo, profundo. El régimen político mexicano interactúa con una base social y cultural que promueve estilos y formas de acciones públicas. Lo anterior no equivale a decir que la corrupción como problema concomitante del régimen sea cultural en términos de inevitabilidad y arraigo social, sino más bien que, dadas las condiciones estructurales de desigualdad, produce incentivos para distorsionar actividades y funciones públicas.

Regresando al tema del FAO, es evidente el contrasentido de abogar por un cambio de régimen por parte del PAN si éste lo afianzó al estar en el poder. Quizá al ciudadano/a común y corriente le dé igual y solo desee más seguridad pública, menos corrupción y, en definitiva, una mejor calidad de vida independientemente de quién ejerza el poder y qué sistema político y económico funcione a su alrededor. En dicha lógica, da lo mismo FAO o MORENA o Pedro Ferriz; la trampa es que se intente reproducir la idea de que con la llegada de un partido o personaje público se desvanecerá casi al instante el régimen político mexicano, y con ello, se supone, desaparecerán los grandes problemas nacionales. El Frente Amplio Opositor necesitará toneladas de argumentos para “vender” la idea de que van por un proyecto político amplio, sin intereses partidistas, y por un cambio de régimen. Si logran articular una propuesta creíble y, por tanto, convincente sin recurrir a las artimañas tradicionales (gasto excesivo de campaña, infundios y mentiras hacia el o la contrincante, recursos oficiales de los municipio o estados donde gobiernan, etcétera), podrá ser a los ojos de muchos/as una opción viable. Por lo pronto, con la salida de Margarita Zavala, esposa del expresidente Calderón, el panorama se complica. La moneda está en aire. Águila o Sol, lo sabremos en los próximos meses.

*Profesor-Investigador Especial Cátedras CONACYT en El Colegio de Sonora.