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El periodismo y el poder

Nicolás Pineda*

 

El nivel de desarrollo político de los estados de México se aprecia a través de la independencia y calidad de su prensa. Por ejemplo, en la ciudad de Toluca no existe prensa crítica e independiente. Lo mismo sucedía en Veracruz. La existencia de un periodismo dependiente del apoyo y la dádiva del gobierno, disfrazada de pago de publicidad, corresponde a la de un estado con régimen autoritario con altos niveles de corrupción. En cambio, los estados con mayor desarrollo político, con menor corrupción y con sociedades civiles un poco más desarrolladas, son los que tienen un periodismo relativamente más independiente y más profesional.

Resulta una bocanada de aire fresco que el Poder Judicial le reclame al Congreso que legisle sobre la publicidad oficial. Ya era hora que la democracia comenzara a permear en la política de comunicación social. El reclamo judicial por lo menos está poniendo en la mesa de debate las prácticas existentes en relación con los medios de comunicación.

El periodismo “chayotero”

El folclor político mexicano de la época del priismo ha generado un florido vocabulario en el que destacan los términos “maicear” y el “chayote”.

Cuenta la historia no oficial que, en tiempos de Porfirio Diaz, cuando algún periódico o columnista lo comenzaba a criticar, éste declaraba: “este gallito quiere su maíz”. La historia se atribuye también a muchos gobernadores. De ahí viene el término “maicear” para referirse al dinero que las oficinas públicas, principalmente las de comunicación social, distribuyen entre los medios de comunicación a fin de que estos hablen de lo bueno que es el régimen, callen la crítica, critiquen a la oposición y “no se metan en donde no los llaman”.

Por otro lado, el término “chayote” fue inventado por los periodistas para referirse al pago que reciben de los gobiernos a fin de que se “porten bien” con el gobierno en turno. Existen múltiples testimonios y muy diversas maneras de cómo se reparte el “chayote” entre los periodistas. Por ejemplo, Norma A. Pimienta platica en su libro Con olor a tinta cómo en su primera gira acompañando a un candidato oficial recibió por debajo de la puerta de su hotel un sobre con dinero. Por supuesto, existen otras formas más sofisticadas de hacer estos pagos o apoyos; uno de esos es el pago de publicidad oficial. Esto es lo que explica que en Sonora, por ejemplo, existan más de setenta medios impresos y electrónicos con tirajes muy bajos a pesar de que hay tan pocos suscriptores y tan pocos anuncios pagados. ¿Cómo se sostienen esos periodistas?

El “chayote” se explica también por lo difícil que resulta hacer periodismo profesional en nuestro medio y lo mal pagado que está el oficio. La situación tiende a complicarse aún más con la proliferación de las redes sociales y el surgimiento del periodismo electrónico.

El periodismo de investigación

Afortunadamente, poco a poco, va surgiendo en Sonora una clase media educada que exige mayor calidad de información. La experiencia demuestra que la crítica y la deliberación pública contribuyen a mejorar los gobiernos y las políticas públicas. Además, son un poderoso valladar contra la corrupción y la malversación de los fondos públicos.

El periodismo de investigación se reconoce porque no se conforma con los boletines oficiales y las declaraciones de banqueta, sino que investiga, observa, consulta, corrobora y hace las preguntas requeridas.

El periodismo crítico se reconoce porque cuestiona, analiza más de un punto de vista, entrevista a ambas partes, escucha opiniones diversas. Pero tal vez lo más importante es que no calla cuando hay que hablar y tiene una actitud crítica e independiente frente al poder y los poderosos.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.