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Ford e industria automotriz en México

Alvaro Bracamonte Sierra*

En octubre, la Universidad de Sonora fue sede del seminario “La industria automotriz en México: los retos frente a un entorno cambiante” organizado por El Colegio de la Frontera y la Cepal, que reunió a un buen número de especialistas en el tema. En el programa impreso se describía la relevancia del sector para la economía mexicana: la industria automotriz ha sido un eje prioritario del Gobierno y recibe importantes apoyos para el fortalecimiento de su competitividad, lo que se refleja en el significativo peso que registra en las exportaciones (27 por ciento del total nacional) y en el empleo manufacturero (10 por ciento).

México es actualmente el séptimo productor mundial de automóviles y principal socio comercial de Estados Unidos, ha logrado posicionarse en el quinto lugar mundial de partes y componentes. Los pronósticos de producción apuntan a que en el 2020 serán 5.1 millones los autos ensamblados, lo que consolidaría la relevancia económica de la actividad. Su dinámica depende del impacto que tendrían las políticas proteccionistas del presidente Trump, quien se declara convencido de que el Tlcan es desventajoso para su país debido a que propicia la pérdida de inversiones, empleos y desequilibrios graves en la balanza comercial. El déficit que mantiene con México se debe esencialmente al sector automotriz, y bajo esa consideración se anticipaba un futuro incierto para la pujante industria ensambladora instalada en territorio nacional.

Pese al tono rupturista del discurso trumpista, en el 2017 la producción y exportación de automóviles ha mostrado un vigor imprevisto. De acuerdo con la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, al mes de octubre se acumulaba una producción de 3’194,872 vehículos, es decir, casi 290 mil más que en el mismo periodo de 2016. Se trata de un incremento cercano al 10 p or ciento. También las exportaciones experimentaron un dinamismo sorprendente: hasta octubre se habían comercializado en el exterior 2’575,361 autos, es decir, 269 mil más que en el mismo lapso de 2016, lo que representaba casi 12 por ciento de incremento. Nada mal para una industria a la que se le vaticinaba un horizonte plagado de problemas.

Sin embargo, ese buen desempeño no ha sido parejo para todos los fabricantes. Uno de los que más dificultades exhibe es Ford Motor Company, que tiene una gran planta aquí en Hermosillo y ensambla el Fusion y el MKZ. Desde el principio del año el panorama se tornó ominoso para esa trasnacional. A finales de 2016 anunció la cancelación de la planta en San Luis Potosí proyectada para ensamblar el Focus. Luego se dijo que ese proyecto parcialmente se ubicaría en Hermosillo: la inversión anunciada ascendía a 200 millones, lo que implicaría una cantidad apreciable de nuevos puestos de trabajo en la capital sonorense. No obstante, en el primer trimestre del año se canceló el plan sin que se conozca bien a bien la razón última de tal decisión.

Desde entonces las malas noticias no se han detenido: es la única armadora instalada en el país, cuya producción y exportación disminuyen significativamente. De ahí que su posición en el ranking nacional de productores y exportadores refleje precisamente ese decaimiento. La Ford no es ya lo que era antes.

En el caso de la planta hermosillense, los aprietos no detonaron este mes como algunos piensan. Se conocieron desde mediados de año. El Fusion y el MKZ no se están vendiendo en el mercado norteamericano, lo que ha obligado a reducir la producción. A la fecha se ha cancelado uno de los tres turnos y consecuentemente serán despedidos 600 trabajadores. De esto se ha ocupado la prensa en los últimos días.

Es una problemática que enfrentan todos los modelos producidos por Ford, no sólo el Fusion y el MKZ. El corporativo requiere forzosamente nuevas estrategias para recuperar el liderazgo que alguna vez tuvo. Su futuro como empresa líder en la industria automotriz global está ligado a la tecnología: si la armadora desarrolla autos eléctricos y autónomos, seguramente se fortalecerá y la planta de Hermosillo habrá de jugar un papel central en esa estrategia.

*Doctor en Economía. Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.