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FOTO DE LA SEMANA: “La tarde”

La imagen fue capturada por Alejandro Navarro.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

trifo en hermosillo

Fiebre estacional

Zulema Trejo Contreras*

El problema del tráfico en Hermosillo es, no podemos negarlo, una cuestión sumamente importante porque lleva aparejada la cuestión del riesgo que corremos quienes habitamos en este lugar. La circulación de los autos que rebasan los límites de velocidad, el escaso respeto a las señalizaciones, la costumbre —al parecer imposible de erradicar— de manejar mientras se hacen o reciben llamadas al celular, son elementos que se han señalado una y otra vez sin que ninguno de estos haya cambiado sustancialmente, así que no me detendré en comentarlos.

Mis reflexiones van el sentido de preguntarnos si estamos conscientes del riesgo que los comportamientos mencionados implican. ¿Estamos conscientes que desobedecer las reglas de tránsito ponen en peligro la vida no sólo de nosotros –y aquí vale aclarar que cada persona tiene derecho a ponerse o no en riesgo de perder la vida–, sino la de otras personas? ¿Sabemos que cada choque, además del daño a los vehículos, impacta directamente en otros ámbitos como la salud de los pasajeros, la situación económica de éstos, las rutinas cotidianas (ida y vuelta del trabajo, traslados de hijo/as a las escuelas, etcétera) mientras el auto está en reparación?, y lo más importante: ¿tenemos claro que en uno de estos accidentes podemos morir u ocasionar la muerte de alguien más? Al parecer no, no estamos conscientes de ninguno de estos elementos o, si lo estamos, pareciera que no nos importa.

Hermosillo no es una ciudad pequeña, ya no es posible transitar de sur a norte en diez o quince minutos, menos en las horas pico. Hay que tomar consciencia de que el parque vehicular ha aumentado tanto o quizá más de lo que ha crecido la ciudad en número de habitantes. La velocidad no suple la distancia. Debemos aprender a transitar no sólo con precaución sino con tiempo. Debemos ser conscientes de que en las circunstancias actuales de Hermosillo, necesitamos más tiempo para llegar a los lugares a los que habitualmente vamos, no sólo porque hay más tráfico, sino también porque las distancias se incrementaron. Aparentemente, el crecimiento de la ciudad no ha pasado a formar parte de nuestro imaginario, e inconscientemente transitamos en un Hermosillo que ya no es el Hermosillo de las distancias cortas y   por eso, supongo, incrementamos la velocidad de nuestros vehículos, para seguir llegando a los mismos lugares en el tiempo que llegábamos a ellos hace cinco, seis o más años.

La situación del exceso en los límites de velocidad, el incremento del riesgo para peatones y conductores tienen, al parecer, picos a lo largo del año, e incluso a lo largo de los meses. La gente en general lo percibimos, sabemos que en los días o semanas previas a periodos vacacionales el tráfico “se vuelve insoportable, intolerable, da miedo, peor que de costumbre”, para citar algunas de las frases que se dicen coloquialmente para describir esta situación. En estos momentos en que el periodo vacacional decembrino está a las puertas, transitar por Hermosillo es un riesgo, la prisa por llegar a… o salir hacia a… aumentó en la misma medida en que disminuyó la paciencia de los automovilistas y eso puede verse, o más bien oírse, en los cláxones que resuenan constantemente cuando alguien tiene la ocurrencia de frenar ante un semáforo en amarillo; no se diga si decide cederle al paso a un peatón que intenta cruzar una calle arriesgando la vida, porque Hermosillo, sin duda, es una ciudad para automovilistas, no para peatones, no para ciclistas; está hecha para automóviles cuyos conductores se arriesgan al infringir las reglas de tránsito. . Está bien que se arriesgue quien quiera hacerlo, lo injusto es que esa libertad de arriesgarse ponga en riesgo a alguien más.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.