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La retórica del agua

Zulema Trejo Contreras*

Hace ya muchos ayeres el historiador Luis González escribió en uno de sus múltiples trabajos una frase que quedó impresa en mi memoria, la frase en cuestión va más o menos así: en México no tenemos madre naturaleza sino madrastra naturaleza. Con esta frase Luis González daba inicio a un texto en el cual explicaba los motivos de que hubieran fracasado la mayor parte de los proyectos de colonización que en el siglo XIX tuvieron por objetivo poblar con extranjeros las regiones despobladas del país. La madrastra naturaleza de los mexicanos, decía Luis González, había hecho que en una parte del país escaseara el agua, de tal forma que todo intento de vivir en esos lugares estaba destinado al fracaso. En cambio, había otros sitios en los cuales lo abundante de las lluvias provocaba inundaciones que tampoco posibilitaban que se establecieran poblaciones sin el riesgo de ser arrasadas por la turbulencia de las aguas.

Los avances en la tecnología casi han descartado por completo la posibilidad de que un territorio quede inhabitado a causa de la escasez de agua, asimismo han hecho posible el establecimiento de poblaciones en lugares donde en épocas anteriores era impensable vivir debido a la alta probabilidad de inundaciones; incluso, en algunas partes el hombre le ha ganado batallas al océano y se han recuperado porciones de tierra, ejemplo de ello son los Países Bajos y Mónaco. Por otra parte, el crecimiento casi siempre caótico de las ciudades ha provocado que se establezcan colonias en lugares que corren riesgo de inundación en época de lluvias.

Sea por su escasez o abundancia, por los beneficios o peligros que lleva aparejados, el agua es, ha sido y seguramente será el tema central de los debates globales en terrenos aparentemente tan dispares como la cosmología y la historia, o tan afines como la ecología y la geografía, pasando por las políticas públicas y la biología. Si encontramos agua líquida (recuérdese que el agua se encuentra en estado sólido como hielo, y en estado gaseoso como vapor) en algún planeta, decía recientemente un reconocido astrofísico, tenemos muy altas probabilidades de encontrar seres vivos en ese lugar. Así pues, uno de los factores que toman en cuenta quienes exploran el espacio en búsqueda de vida extraterrestre es el agua. Debido a ello no es raro que titulares como “Se encontró agua en la Luna” o “Alguna vez hubo agua en Marte”, nos llamen más la atención que los que anuncian cosas como “La atmósfera de Venus está formada por gases tóxicos”, o “La sonda Voyager viaja fuera del sistema solar”.

Recientemente, en un debate televisivo respecto a cuál factor podría ser el detonante de una crisis global irreversible, varios expertos discutían acaloradamente si el agotamiento del petróleo, una caída monumental de la bolsa neoyorkina, un acontecimiento apocalíptico como el impacto de un meteorito podrían desencadenar el principio del fin de la vida humana en la tierra. En lo más acalorado del debate intervino, por primera vez, uno de los participantes y dijo, palabras más palabras menos, que el fin de la vida en la tierra vendría cuando el agua se agotara. Después de esa afirmación, el debate cambió hacia el tema de cómo evitar la desaparición del agua en la tierra.

Así pues, el agua es un tema que no se agota nunca. Ya sea que se hable de su contaminación, de la mejor forma de aprovecharla, de los terrenos que se le pueden arrebatar para extender las porciones de tierra habitable, o de su búsqueda en el espacio exterior. El agua siempre estará presente en nuestras vidas tengamos o no conciencia de ello. Disfrutaremos de sus beneficios cotidianos, como beberla, y de sus peligros, como las inundaciones. El agua será heroína de unos y víctima de otros, pero ni duda cabe que siempre será tema principal de la retórica.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.