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Humor e ironía en el asesinato de Obregón. La visión histórica de Jorge Ibargüengoitia

Viviana Ramírez*

Jorge Ibargüengoita fue el primer escritor de la novela de la Revolución mexicana en transmitir una visión distinta de los hechos históricos, dejando atrás la historia de bronce en la que predominaba la exaltación de héroes. Como dice Juan Villoro, Ibargüengoitia transformó los desastres nacionales en risibles desventuras, desmitificando aquella historia de bronce que transmitía una visión dramática.[1] Uno de los temas que más llamó su atención fue el asesinato de Álvaro Obregón[2], asunto que comenzó a investigar en 1958 y que según dijo en una carta que le envío a su maestro Rodolfo Usigli[3]  “entusiasma mucho y salen patitas y manitas cada vez que pienso en el asunto”.[4] Tres años después publicó la obra de teatro El atentado (1961), una farsa del asesinato de Obregón, de la cual también surgieron dos novelas: Los relámpagos de agosto (1963) y Maten al León (1964).[5]   Tanto en El atentado como en Maten al León, obras que abordan a fondo el asesinato de Obregón, Jorge Ibargüengoitia utiliza el humor como un elemento esencial a través del cual transmite una visión irónica de los personajes y los hechos históricos; además, al utilizarlo en descripciones que se basan en hechos reales, provoca que el lector humanice a los personajes históricos, les reste solemnidad e idolatría.

El humor aparece en diversos momentos de la trama de ambas novelas e Ibargüengoitia lo utiliza para describir la propia muerte de Obregón cuando detalla el momento en que Borges (Álvaro Obregón) se encontraba comiendo en un restaurante y, ya bastante satisfecho, pide que le retiren el cabrito y en su lugar le traigan “frijolitos”.[6] También narra que algunos diputados que se encontraban en esa comida se escondieron debajo de las mesas al oír la balacera y que uno de los testigos dice: “saqué la pistola y me metí debajo de la mesa por si algo se ofrecía. Cuando salí ya se habían llevado a este hombre (refiriéndose a Pepe, José de León Toral)”.[7]

En Maten al León, acude al humor para describir el encuentro de Belaunzarán (Obregón) con Cussirat (probablemente Luis Segura Vilchis, miembro de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa) donde, después de enterarse de que la oposición había nombrado a Cussirat candidato a la presidencia y por lo tanto era su contrincante, Belaunzarán le propone a éste ser parte de una nueva fuerza aérea nacional. Al finalizar la reunión, el acompañante de Cussirat le pregunta que si va a decirle que sí al Belaunzarán, a lo que Cussirat contesta: “voy a decirle que…” y acto seguido “mete la lengua entre labio y dientes y hace el ruido de un pedo monumental; al tiempo que, con destreza que nadie hubiera sospechado, mueve ambos brazos y las manos en una seña soez”.[8]

Pero el humor no es el único elemento que destaca. Jorge Ibargüengoitia buscaba transmitir su visión de los hechos históricos, también insertó su valoración acerca de las figuras y de la misma forma juzgó los sucesos. Esto se observa a través de la imagen que les otorga a los personajes de sus relatos, sobre todo a los más representativos. En El atentado, describe a Ignacio Borges (Álvaro Obregón) como un personaje que creía firmemente que su destino era regresar a la presidencia para satisfacer las peticiones del pueblo, a pesar de que él vivía muy tranquilo como agricultor después de su etapa presidencial.

A través de un discurso que Vidal Sánchez (Plutarco Elías Calles) da a Pepe (José de León Toral), Ibargüengoitia plasma el juicio que hace de Obregón y su gobierno al señalarlo como tirano, capaz de adulterar la Constitución, traidor de la Revolución, un lobo humano.[9]

Este discurso de Vidal Sánchez seguramente fue retomando por Ibargüengoitia del discurso que Plutarco Elías Calles dictó frente al Congreso el primero de septiembre de 1928 en el que aseguró que con la muerte de Álvaro Obregón se acababa una época de caudillos, lo cual permitiría que el país avanzara hacia una verdadera vida institucional.[10]

En Maten al León, la imagen de Obregón a través de Manuel Belaunzarán es la de un personaje regordete, descarado, bonachón, con un poder inmenso, que gusta de las peleas de gallos (representando el gusto de Obregón por las corridas de toros). De la misma forma en que en El atentado cree que es su deber cumplir con la voluntad del pueblo, que le pide que permanezca en el gobierno por quinta ocasión.

Por su parte, la imagen que proyecta de Plutarco Elías Calles en El atentado por medio de su personaje Vidal Sánchez es la de una figura ensombrecida por Borges (Obregón) que se siente aliviado luego de la muerte de Obregón, incluso pide que lo feliciten, pues “nadie me había hecho un favor tan grande: veinte años bajo la sombra de Borges, y que venga un tarugo y me lo quite de encima”.[11] Lo irónico de la imagen que transmite de Elías Calles es que él mismo se convierte en ese tirano que criticó, al mandar fusilar a Pepe (José de León Toral) a pesar de haberle prometido que no lo haría y despedir a Suárez, su amigo y jefe de la policía, al pedirle que le mandara su renuncia pues parecía que no le agradaba a los borgistas.[12]

Esta visión de Jorge Ibargüengoitia converge con un lugar común en la historia, en el que se asegura que José de León Toral, sin proponérselo, fortaleció el poder político de Elías Calles luego de asesinar a Obregón. A la muerte de Obregón, Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) antecesor del ahora Partido Revolucionario Institucional (PRI) e inició una etapa conocida en la historia de México como el maximato, donde este último fungió como jefe máximo de la Revolución.

A José de León Toral (José Pereyra o Pepe), Ibargüengoitia lo describe como un hombre religioso, mojigato, que se deja influenciar por los demás, sobre todo por la abadesa, personaje que representa a Concepción Acevedo y de la Llata, “la madre Conchita”.[13] Tanto en El atentado como en Maten al León, Ibargüengoitia le otorga a la Iglesia católica un papel protagónico en la muerte de Obregón, principalmente como conspiradora y mayor influencia de José de León Toral, aunque, como vimos anteriormente, en algunos pasajes se deja ver el interés que otros personajes tenían en la desaparición de Obregón, sobre todo Elías Calles.[14]

Jorge Ibargüengoitia, a través de las descripciones de sus personajes, de las situaciones, del uso de la ironía y el humor, justifica de cierta manera el asesinato de Álvaro Obregón a manos de José de León Toral, a quien pone como influenciado por miembros de la iglesia católica que buscaban la salvación de su religión y la liberación del pueblo de un régimen tirano. De la misma forma, incrimina a personajes de la política, que sí bien no actuaron directamente en el asesinato, por lo menos deseaban su muerte y la solaparon.


[1] Villoro, Juan y Víctor Díaz Arciniega (coords.), 2002, El atentado. Los relámpagos de agosto. Francia: Ediciones UNESCO, pp. XXIII a XXV.

[2] Álvaro Obregón fue asesinado el 17 de julio de 1928 en el restaurante La Bombilla de la Ciudad de México luego de haber resultado electo por segunda ocasión como presidente de la República, gracias a una reforma constitucional aprobada por el Congreso el 22 de enero de 1927, con la que se le daba la espalda a uno de los principios fundamentales de la revolución maderista: “sufragio efectivo, no reelección”. El asesino material fue José de León Toral, un maestro y dibujante que decidió asesinar a Obregón después de haber ocurrido en 1922 y 1923 algunos hechos en contra de la Iglesia católica en las que tomaron parte su víctima y Plutarco Elías Calles.

[3] Considerado el padre del teatro mexicano moderno.

[4] Jorge Ibargüengoitia citado por Juan Villoro y Víctor Díaz Arciniega (coords.), 2002, El atentado. Los relámpagos de agosto. Francia: Ediciones UNESCO, p. 151.

[5] Maten al León fue producto de una petición que le hicieron para realizar el guión de una película acerca de la muerte de Obregón, pero terminó siendo una novela.

[6] Jorge Ibargüengoitia, 2002, “El atentado” en El atentado. Los relámpagos de agosto, Juan Villoro y Víctor Díaz Arciniega (coords.). Francia: Ediciones UNESCO, p. 42.

[7] Ibíd., p. 44.

[8] Jorge Ibargüengoitia, 1985, Maten al León, México: Planeta, p. 60.

[9] Jorge Ibargüengoitia, 2002, “El atentado”, en Juan Villoro y Víctor Arciniega (coords.), El atentado. Los relámpagos de agosto, Francia: Ediciones Unesco, p. 38.

[10] Juan Zúñiga Lagunes (coord.), 1966, Los presidentes de México ante la nación, 1821-1966. Tomo III. México: XLVI Legislatura de la cámara de diputados, p. 805.

[11] Jorge Ibargüengoitia, 2002, “El atentado”, Juan Villoro y Victor Arciniega (coords.), El atentado. Los relámpagos de agosto, Francia: Ediciones Unesco, p. 37.

[12] Ibíd., p. 38.

[13] En los hechos reales, la madre Conchita estuvo vinculada a varios atentados de los cristeros y fue encarcelada luego de que Toral asesinara a Obregón, pues la juzgaron cómplice, sucesos que también son retomados en la narración de Ibargüengoitia. Jorge Ibargüengoitia, 2002, “El atentado”, en Juan Villoro y Victor Arciniega (coords.),  El atentado. Los relámpagos de agosto, Francia: Ediciones Unesco, p. 26 y 48. Agustín Sánchez González, 1993, El general en La Bombilla, México: Planeta, p. 95-122.

[14] Esta visión de Ibargüengoitia sobre la Iglesia católica le valió muchos enemigos,  incluso la censura de la puesta en escena de la obra durante doce años, por lo que cuando le pidieron escribir la adaptación al cine, en Maten al León se vio obligado a disfrazar la imagen de la iglesia con la de la clase privilegiada de Arepa para no ser censurado.

*Egresada del programa de maestría en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora.