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FOTO DE LA SEMANA: “Por el camino”

La imagen fue capturada por Alejandro Navarro.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Sobrepeso y obesidad como problema de salud pública

Elsa Cornejo y Catalina A. Denman*

Se aproxima la Semana contra el Sobrepeso y la Obesidad, buen momento para hablar del gran problema de salud de nuestros tiempos: las enfermedades crónicas como la diabetes, asociada al sobrepeso y la obesidad.

La severidad del problema de las enfermedades crónicas (EC) puede medirse de distintas maneras; podemos cuantificar el número de muertes causadas por alguna de las EC (70% de las muertes en el mundo) o el número de estas muertes que son prematuras (entre los 30 y 69 años), que representan alrededor de 15 millones de personas al año que no deben morir.

En las últimas décadas, de 1980 a 2009, la proporción de muertes por enfermedades crónicas aumentó en México de 45% a 75%. En este mismo periodo la tasa de mortalidad por diabetes pasó de 23 a 72 por 100,000 habitantes. En números redondos, puede decirse que al año mueren por diabetes 100,000 personas, aunque se considera que existe un sub-registro considerable porque alrededor de la mitad de las personas con diabetes no han sido diagnosticadas. Por eso se dice que la diabetes es como una enfermedad “silenciosa”, que ocasiona que lleguen a los servicios de salud en estados avanzados de enfermedad. En México viven con diabetes 11.5 millones de personas. Se estima que para el año 2040 serán 20.6 millones de enfermos diabéticos (datos del 2015, Federación Internacional de Diabetes). Actualmente la diabetes es la primera causa de muerte en el país, y a pesar de ello, no es de las primeras causas de consulta.

No sorprende, entonces, que hace un año se declarara en México el primer estado de emergencia a causa de una enfermedad no transmisible como la diabetes. Los Objetivos del Desarrollo Sostenible 2030 incluyen la disminución de la mortalidad prematura por enfermedades crónicas en un 30%. Lograrlo en apenas doce años parece prácticamente imposible, ya que dependería de un programa multi-niveles y multi-sectorial que creara las condiciones para construir la salud, para la prevención, el diagnóstico oportuno y el tratamiento integral. Para esto se requieren recursos financieros y humanos, y  ello depende de la conjunción de intereses públicos y privados, aunado a la autorresponsabilidad de las personas con diabetes y de quienes tienen probabilidades de desarrollarla. ¿Una quimera?

El discurso epidemiológico predominante explica la epidemia de diabetes y de las enfermedades crónicas a partir de los factores de riesgo como el tabaquismo, el consumo de alcohol en exceso, la obesidad, el sedentarismo y los antecedentes genéticos. Por ello se recomienda el consumo de frutas y verduras y alimentos no procesados, la disminución de bebidas y alimentos azucarados, de consumo de sal, azúcar y grasas y el aumento de la actividad física. Sin embargo, a pesar de su presencia permanente en el discurso sanitario oficial, no se ha logrado un amplio programa de promoción como el requerido.

Desde el sector salud se mantiene el énfasis en la atención de la enfermedad y sus complicaciones, como en prácticamente todas las enfermedades crónicas, y, en mucho menor grado, en el diagnóstico oportuno, la prevención y la promoción de la salud. Falta impulsar el reconocimiento cotidiano de los derechos en salud. Trazar la política de fomento, promoción y educación en salud alude al reconocimiento de sus condiciones de posibilidad, como el acceso a un empleo digno, al mercado y a corregir la precariedad de los servicios de salud. Alude también al no reconocimiento de los derechos de las personas en el cuidado de su salud, ya que no se implementan total, sistemática y permanentemente acciones que brinden la información oportuna, que se logre el diagnóstico temprano y el seguimiento adecuado sobre la enfermedad.

El dilema no es privilegiar una actividad (atención y tratamiento) o la otra (promoción y prevención). Una parte de la solución es integrarlas. Otro aspecto del  problema de la epidemia de la diabetes y otras enfermedades crónicas se remite al peso de la industria alimentaria (y de bebidas), a la producción de alimentos y bebidas densos en calorías y vacíos en nutrientes y de muy exitoso mercadeo. Otro aspecto es la influencia de la industria farmacéutica en la formación del discurso biomédico hegemónico –en el tratamiento de las enfermedades crónicas, en el mercadeo de sus productos, en la definición misma de las enfermedades (obesidad, síndrome metabólico, etcétera) y su consecuente medicalización, en el impacto en la publicidad, en el desarrollo de las políticas y programas, entre otras–. Faltaría mencionar la ausencia de políticas trans-sectoriales que involucren el acceso al agua potable, el diseño adecuado de áreas urbanas, transporte, áreas verdes, entre otras. Es necesario desarrollar programas orientados a que los individuos y los colectivos construyan su salud desde una posición de autonomía y corresponsabilidad, que integren el enfoque biomédico para incorporar los enfoques socioculturales. Todo esto tiene que ver con el sobrepeso y la obesidad y con su atención integral como problema de salud pública y no sólo individual. Ello contribuiría a mejorar la salud poblacional de nuestra región y nuestro país.

*Asistente de investigación del Centro de Estudios en Salud y Sociedad; Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.