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FOTO DE LA SEMANA: “La vista”

La imagen fue capturada por Alejandro Navarro.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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La Constitución

Alvaro Bracamonte Sierra*

Hoy se cumplen 101 años de nuestra Constitución. Se trata del texto que abrió el camino a una nueva institucionalidad, considerada el reflejo de las mejores causas de los revolucionarios vencedores de la guerra civil mexicana. Entre los pautas fundadoras destacan las siguientes: La Ley del Trabajo, el reparto agrario y la soberanía territorial. Ha pasado más de un siglo y, al menos en esos temas, los ideales han quedado vacíos.

La modernidad y los nuevos estándares de competitividad global impusieron términos de contratación laboral que en nada mejoran a los pre revolucionarios; para no ir muy lejos, pueden compararse con las relaciones laborales prevalecientes en la antigua mina de Cananea cuya huelga por mejores salarios fue precursora de la revolución. La reforma laboral aprobada en el 2012 legalizó formas de contratación carentes de prestaciones sociales y dotó a los patrones de mecanismos convenientes de rescisión laboral.

Bajo la premisa de que para competir en un mundo global se requiere mayor flexibilidad, se desmontó progresivamente la protección del trabajador precarizando su situación al interior de la empresa. Por si fuera poco, la flexibilidad se acompaña de un deterioro creciente de los salarios; éstos no alcanzan para adquirir la canasta básica referida en la propia Constitución. Dicho sin tapujos, si los constituyentes que animaron mejores condiciones laborales resucitaran, se morirían de vergüenza al apreciar cómo están los obreros y en general la clase trabajadora.

Una situación parecida se advierte en materia agraria. El reparto de la tierra fue una conquista de los legisladores más radicales del 17. El ejido y las modalidades colectivas de explotación agropecuaria fueron introducidas en la Carta Magna. Producto de esa nueva institucionalidad la estructura de la propiedad cambió sustancialmente en especial durante el sexenio cardenista. Todavía en los setenta y ochenta del siglo XX se observaban organizaciones campesinas que presionaban al Estado para que los dotara de tierra cultivable, habida cuenta de que seguían operando terratenientes concentradores de grandes extensiones. En Sonora esas movilizaciones condujeron a la expropiación de miles de hectáreas que luego fueron asignadas a campesinos provenientes de varias zonas de la entidad y del resto del país.

El modelo campesinista se fue desmoronando al pasar de los años acentuándose el desarrollo de la agricultura de mercado. La reforma agraria de 1991, catalogada por los expertos como contrarrevolucionaria, constituyó el parteaguas para que, poco a poco, el ejido individual y colectivo fueran desplazados por una reconcentración de la tierra orientada a alcanzar economías de escala, así como por empresas agrícolas, muchas de ellas trasnacionales, y una búsqueda afanosa de producción para el mercado. Como en el caso de los constitucionalistas obreristas, también los agraristas volverían a morir si vieran en lo que ha parado la revolución zapatista.

El caso del petróleo, y en general todo lo relacionada con la explotación y aprovechamiento de los recursos naturales que la Constitución del 17 reservó para el Estado o para connacionales, se ha diluido en la impronta impuesta por el proceso globalizador, el neoliberalismo y la integración económica. El petróleo ya no es nuestro sino que ha sido cedido en concesión a las grandes compañías multinacionales que ganaron las recientes licitaciones emitidas por el Gobierno. Esta profunda transformación ha sido producto de la nueva institucionalidad que en materia energética aprobó el Congreso en el 2013. Es, sin lugar a dudas, un diseño que representa la antípoda del modelo que los constituyentes concibieron en 1917.

En estas circunstancias, celebrar la Constitución del 17 es hoy por hoy un acto de simulación innecesario; tal vez lo más sano sería no hacerlo.

Fórmulas para el Senado

Prácticamente están listas las mancuernas partidistas que disputarán los tres escaños correspondientes a Sonora en la Cámara Alta. Tiene relevancia la disputa debido a que al mismo tiempo se está dibujando a quienes lucharán por relevar a CPA. Otro dato, no menor, es que por primera vez en la historia regional este “Supertazón” no será entre dos sino entre tres planillas. Veremos.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.