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FOTO DE LA SEMANA: Coyoacán

La imagen fue capturada por Ana Rosa Sánchez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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¿A dónde voy?

Zulema Trejo Contreras*

“Mal de muchos, consuelo de tontos” dice un viejo adagio que se me viene a la memoria cada día en el trayecto cotidiano casa-trabajo-casa, y es que durante ese recorrido hay una imagen que siempre está ahí, a veces al fondo del escenario, en ocasiones en primer plano, pero perennemente ahí. Sólida y difusa a la vez, siempre a la vista y nunca en el recuerdo, me refiero a la imagen de los sin hogar, indigentes, vagabundos, limosneros o como se nos ocurra llamarlos, porque a estas personas lo mismo les negamos existencia que nombre. En las calles, en las plazas, en las esquinas, los vemos con tanta regularidad que se vuelven parte de nuestras vidas. Ya sabemos en qué crucero está uno de ellos, qué hace ahí (limpia los vidrios, pide dinero, intenta vender algo). Ya sabemos quién de ellos dará las gracias con una bendición, quién va insultar si no recibe lo que quiere y, tristemente, ya sabemos que hay que subir los vidrios del carro para mantenerlos al margen de nosotros como individuos, de la misma manera que la sociedad los mantiene al margen.

Tal vez el pensamiento que acude a nuestras mentes al verlos es algo así como: “cada vez hay más”, “ya estamos igual o peor que en ‘X’ lugar” o, “en tal parte no ves esto”. Acá tampoco los vemos porque la ignorancia es un tipo de ceguera, más grave que la física porque ésta no es electiva y la primera sí. Nosotros elegimos qué ignorar, por consiguiente seleccionamos qué es lo que no deseamos ver y muchos de nosotros vemos sin ver a los sin casa. Aunque nos toquen la ventana del automóvil o prácticamente se echen encima del cofre para forzarnos a dejar que limpien el vidrio, no vemos. No queremos ver.

Hace unos años pregunté a un funcionario si había en Hermosillo algún plan municipal para atender a esta gente. No se me borra de la memoria el gesto que apareció en el rostro de esta persona y sus titubeos al hablar antes de reconocer que no, que no había ningún plan al respecto, pero que sin duda era algo que debía hacerse. Y al parecer, no se ha hecho o no se ha hecho visible el que se hayan tomado medidas, si no para solucionar, al menos para paliar esta situación que nos desborda. Al menos esa es mi percepción particular, ya que no veo menos, sino más personas en estas condiciones.

¿A dónde van estos individuos cuando llueve, hace frío o quema el sol?, la respuesta es fácil: van a las plazas, a los parques, a los edificios abandonados, o simplemente a cualquier banqueta vacía de transeúntes en horas nocturnas. Ahora surge esta pregunta: ¿deberían estar ahí?, la respuesta tendría que ser no, y entonces surge otra interrogante más difícil de responder: si no deben estar ahí, ¿entonces, dónde?, ¿en albergues?, ¿en la cárcel?, ¿con sus familiares, si los tienen? Creo que aún no se encuentra respuesta a estos cuestionamientos no sólo en Hermosillo sino en muchos otros lugares del mundo.

¿Y quiénes son estas personas?, ¡quién sabe!, cada uno tendrá su historia de por qué terminó en esta situación. Hace tiempo, en una institución de caridad que ya desapareció, me tocó hablar con varias de estas personas, una de ellas me platicó que llegó a Hermosillo de paso a Nogales, que se bajó en la Central para comprar algo de comida e ir al baño y el autobús la dejó. Se quedó sin dinero porque lo que bajó con ella del camión lo gastó en comida. Me dijo que vagó por la Central unos días pidiendo ayuda para llegar a Nogales porque no hubo de otra; que finalmente alguien la acusó de querer robarle –si fue cierta o no la acusación, no me lo dijo—y que para que no la agarrara la policía corrió hacia la calle y en la calle se quedó. Así como ésta, seguro hay otras historias, tantas como personas sin casa hay en las calles. La pregunta cotidiana de todos ellos probablemente sea: ¿a dónde voy?, y la nuestra: ¿qué hacemos con ellos? Hasta ahora, respecto a este problema social, sigue habiendo, desafortunadamente, más preguntas que respuestas.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.