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La configuración social del peligro, cómo lo perciben y objetivan los hombres y mujeres en la Costa de Hermosillo

Presentación del libro Bríncale no seas miedoso. Masculinidad y peligro en jornaleros agrícolas de Sonora, de José Eduardo Calvario Parra.

 

Felipe Mora Arellano*

Universidad de Sonora

 

Este es un libro que se interesa en las relaciones e ideas sobre los géneros –especialmente de la masculinidad– en las/los jornaleros agrícolas de la Costa de Hermosillo y el Poblado Miguel Alemán, Sonora, y pretende desentrañar los discursos sobre las prácticas de cuidado o descuido que suceden en esos espacios y en el lugar de trabajo.

Se quiere demostrar que tras la invisibilización de los factores que pueden causarles daño a las personas intervienen normas de género, a saber,  sanciones o ideas que promueven  una forma de entender la masculinidad o feminidad, y a partir de estas hacerle frente a los peligros.

El interés del texto –un libro de 295 páginas–, está puesto en la configuración social del peligro, en cómo lo perciben y objetivan los hombres y mujeres trabajadores de esa región de Sonora. Eduardo Calvario, el autor, parte de dos supuestos –aunque él los identifica como hipótesis e hilo conductor del libro– en los que se apoya y con los cuales orienta su investigación.

Supuesto 1) “que el sistema género es parte del mecanismo social, que permite a los agentes confrontar situaciones de daño en contextos de vulnerabilidad social en sus itinerarios biográficos; [y que] las diferencias entre los géneros en situaciones concretas se vinculan con dos modelos de masculinidad”.

Supuesto 2) “que existe una ordenación de género que pronuncia, exacerba o, incluso, inhibe prácticas frente a lo que los agentes refieren como peligros o daños”.

Sin embargo, el autor llama la atención al señalar que “una idea central de este trabajo”  –que para mí más que una simple idea es la estructura de un supuesto teórico–, es “que las relaciones de poder entre los géneros, modeladas por los itinerarios biográficos y las condiciones de vulnerabilidad, configuran respuestas distintas ante el peligro”.

El proceso de hegemonía, de la hegemonía de la masculinidad, constituye un elemento importante que sostiene la investigación de Calvario. Ésta genera estereotipos o prefiguraciones de comportamientos que son estandarizados y calificados de negativos o positivos, como la demostración de valentía, el control de los miedos y el enfrentamiento del peligro, actitudes que se exige de los hombres, especialmente.

Calvario revela que los modelos que construyó para clasificar y analizar los comportamientos de los hombres trabajadores aparecen en el transcurso de la investigación realizada, no antes. Se trata del Modelo del Varón Responsable (MVR) y el Modelo del Varón Descuidado (MVD), los cuales sirvieron para ubicar las reacciones positiva y negativa a la hegemonía de una manera de ser varón.

Cualquier lector o lectora se preguntará por qué, si el modelo hegemónico masculinizante es tan abarcador y dominante, existen disrupciones o readecuaciones, como las llama Calvario. Él responde: se debe a que en la vida diaria hay oportunidades de poder (o espacios de poder) que mujeres y hombres “des-aprovechan”, espacios que son posibles debido a los cambios sociales de la región, tales como la inserción de las mujeres al trabajo remunerado, y a la urbanización, entre otros.

Eduardo hace una importante advertencia a los lectores a propósito de las causas que generan las disrupciones o readecuaciones. Dice que para entender la lógica de la influencia de las normativas de género sobre la masculinidad es necesario analizar las relaciones sociales de poder entre varones y mujeres, dado que en éstas se expresan las acciones que ponen en riesgo la integridad de las personas. Asimismo, dice que se requiere de una definición de masculinidad que permita entender los entramados de interrelaciones.

¿De qué manera el autor capta el significado de la masculinidad y se adentra en el discurso sobre las prácticas? Mediante la recopilación de relatos biográficos y cotidianos, registros de prácticas laborales y sociales, empleando la entrevista semiestructurada y a profundidad, y el recurso de la observación participante en el trabajo agrícola. También la observación en reuniones comunitarias, bailes, vendimias y fiestas patronales.

El libro, editado por el COLSON, la UNISON y CIAD, está estructurado en nueve apartados, incluyendo la Introducción. Me corresponde dar cuenta de los siguientes capítulos: I Propuesta de análisis, II La Costa de Hermosillo, III El poblado Miguel Alemán y IV Los vaivenes de la vida y los cuidados del cuerpo.

En el capítulo I, Propuesta de análisis, Calvario anuncia que lo que llevará a cabo es una reflexión y acotaciones teórico-metodológicas de las relaciones de género y el proceso de construcción de la/s masculinidad/es. Hay un plus en esto: la referencia, eso sí breve, sobre la hipótesis del varón como peligro social y sus implicaciones para el problema del estudio.

No me quedó claro y ahora se lo pregunto al autor, por qué luego de su anuncio anterior le fue necesario aclarar lo siguiente: que la idea de partida fue analizar lo que dice o expresa la gente respecto a temas de la vida social y lo que en efecto hace en el curso de acción.

Y enseguida Eduardo advierte que no hay divorcio entre el discurso y la práctica, entre lo que los productores de habla dicen y las condiciones objetivas circundantes. Esto revela que se topó con productores de habla que exageraban o se contradecían, y entonces la lucha fue de encontrarles asideros culturales, históricos y sociales.

La hipótesis de que los varones son un peligro social se documenta con cifras e indicadores sobre lesiones, muertes por violencia, consumo de alcohol y drogas, etcétera, en mucho mayor medida en estos que en las mujeres. Con base en ello, se recurre a la categoría de género y a los conceptos de masculinidad de representación cultural y de proyecto de género.

Con todo esto en juego, si bien lo entiendo, Eduardo indica que los ejes que guiaron su investigación son la estructura de género y las formas de apropiación de los mandatos sociales asignados a cada sexo. Y como si fuese una especie de cadena de ADN, tratará de ver cómo estructura y formas de apropiación interactúan frente a lo que se considera como peligro.

A dichos ejes los separa en dos momentos metodológicos: primer momento, los relacionados con la dinámica propia de la estructura de género. Y lo que Eduardo anunciaba como segundo momento metodológico, lo hace aparecer como un nuevo eje: el eje del conflicto interpersonal en el trabajo y la calle, y la práctica de cuidado que instrumentan los sujetos de estudio.

Como quien corre con urgencia hacia la fuente de agua que brota en el desierto, así acudí a la figura 1 que proporciona el autor con el propósito de entender ejes y momentos. Sin embargo, ahí se encuentran nuevos elementos o dimensiones como Poder, División social del trabajo, Catexis y Simbolismo, todos ellos en interrelación según lo marcan las flechas y cada una con ciertos elementos que parecen caracterizarlas.

Por ejemplo, al Poder lo caracterizarían dos elementos: el control masculino y los conflictos intepersonales. La figura, una circunferencia, los integra y tiene hemisferios, a manera del clásico reloj de Walter Wallace, que la cortan de arriba hacia abajo y de un lado a otro. La circunferencia está a su vez vinculada mediante otra flecha con elementos externos los cuales a su vez se encuentran relacionados.

Para mi desgracia, el apartado referido a las estrategias metodológicas no explica la interesante figura 1, sino que se refiere a los métodos empleados para obtener la información, es decir, el relato biográfico, la observación participante, etcétera.

El capítulo II, La Costa de Hermosillo, da cuenta de las condiciones socioeconómicas, orígenes históricos y de las constituciones de algunos actores sociales relevantes de esa región. Además, introduce a la relación entre el daño y el género.

La historia de la Costa como emporio agroeconómico fue obra de titanes, no de titánides ni de trabajadores. Si en la mitología griega contada por Hesíodo en su Teogonía, los titanes, deidades que gobernaron durante la edad de oro, eran 12, en la Costa fueron también un puñado.

En el libro se observa que entre los trabajadores/as de la región priva la inestabilidad y la incertidumbre acentuadas por la flexibilidad primitiva generada por el libre comercio; el empleo eventual predomina durante todo el ciclo agrícola, el derecho a la vivienda no está garantizado y el trabajo y la vida se llevan en condiciones ambientales extremas. Las políticas públicas dirigidas a la población jornalera se focaliza a migrantes, especialmente a indígenas.

La titanomaquia en la Costa no fue librada precisamente entre grupos de titanes, sino entre los agrotitanes y su propia forma de explotar el recurso agua, y el obligado cambio de agricultores a agroempresarios como consecuencia de la globalidad. En este proceso aparecen las titánides, trabajadoras requeridas por los cultivos hortofrutícolas.

El capítulo III trata del Poblado Miguel Alemán, esa localidad que bien podría alcanzar ya la categoría de municipio. El poblado es un peligro, y Calvario analiza sus circunstancias y determinantes y aprovecha para introducir la manera en que se inculcan las ideas de género.

¿Por qué es un peligro y para quién lo es, el PMA? La situación de salud de sus moradores es uno, la violencia intrafamiliar es otro. La violencia en general, el consumo de alcohol y drogas, las calles y las nuevas libertades que se respiran en el empolvado Miguel Alemán –la autonomía de las mujeres jornaleras, por ejemplo–, son otras fuentes de donde brota el peligro.

La densidad de población y la diferenciación social complejizaron las relaciones sociales, las cuales traspasaron los límites institucionales para la resolución de los conflictos. Este panorama marcó un antes y un después en la vida del poblado. No solo arribó “gente mala”, sino que los espacios –la ocasión hace al ladrón en las zonas obscuras del territorio–, los objetos y los eventos se tornaron peligrosos. Pero también el nuevo aire contribuyó a mermar la separación de los espacios exclusivos de hombres y mujeres y dio pauta para que al menos al nivel individual, ambos sepan cómo, en los vaivenes de la vida, cuidar su cuerpo y alma.

En el capítulo IV, Los vaivenes de la vida y los cuidados del cuerpo, Calvario describe puntos de inflexión de los relatos de sus informantes. Estos torcimientos fueron la deserción escolar para insertarse al mercado laboral en una edad temprana, así como la migración y las uniones conyugales. La incertidumbre y la vulnerabilidad social fueron una marca distintiva en las biografías de las mujeres y hombres. De sus avatares, el autor descubre tipos o modelos de enfrentar momentos de tensión y conflicto, sea de una manera responsable o de forma descuidada, talantes que resignifican la masculinidad y, a querer o no, disminuyen, sobre todo las primeras actitudes, la brecha entre ser mujer y ser hombre.

Y ahora, sin miedo, brinquemos a la segunda parte de esta presentación y posteriormente, sin temor alguno vayan a comprar el libro. Por mi parte es todo. Gracias.

21 de Febrero de 2017.