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FOTO DE LA SEMANA: Grutas de Lol-tun

La imagen fue capturada por Rosa Orduño.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

Frivolidades

Zulema Trejo Contreras*

Me gusta la televisión, no lo niego, soy de esas personas que aún piensa que la televisión puede ofrecer algo. Para mí, ese “algo” tiene dos nombres: diversión y oportunidad de reflexionar. Ayer, por ejemplo, me llamó la atención un comercial que se repetía incesantemente en un conocido canal dedicado al mundo de Hollywood; anunciaban que transmitirían, como lo hacen cada año, La “alfombra roja” de los premios Óscar, es decir, el trayecto que actores, actrices, celebridades, recorren desde sus autos hasta la entrada al sitio donde se realiza la ceremonia de premiación. ¿Qué tiene esto de trascendente?, probablemente nada si en el anuncio vemos sólo un anuncio de espectáculos. Sin embargo, ver “la alfombra roja” no es cualquier cosa, es ver durante al menos dos horas el paso de hombres y mujeres cuyas siluetas y atuendos son alabados o destrozados por los críticos de moda. ¿Y es eso importante? No, en este momento no lo es, aun cuando puede ser divertido para alguien que disfrute o disfrutaba las críticas mordaces de personas como Joan Rivers (+).

La importancia de estas “alfombras rojas” radica en el hecho de que son esas celebridades las que marcan las tendencias que los adolescentes siguen. En programas de ese tipo es donde se forman los estándares de lo que ese año se considerará como bello, lo que estará o no de moda, si el cabello deberá llevarse largo o corto. Ahí se dirá quién es hermosa y quién es guapo. En suma, se formará el estereotipo de mujer que las adolescentes intentarán alcanzar, llegando a extremos como la bulimia y la anorexia, porque en la alfombra roja de los premios Óscar delgadez es belleza, cirugía plástica y botox es hermosura. Ropa y accesorios de marca son sinónimo de elegancia. Esos programas frívolos, a los que los padres no les prestan atención, son la incubadora de muchas conductas que después reprobamos, de las que luego nos asustamos, de las que no sabemos dónde ni cómo surgen.

Lo anterior es lo que se ve, lo evidente de este tipo de programas. Lo que a muchos nos pasa desapercibido son las entrevistas fugaces a las celebridades, quizá un minuto si se halaga un vestido, dos o tres si tiene una nominación a algún premio, pero cinco o incluso un poco más si acaba de salir de una clínica de rehabilitación por abuso de drogas o alcohol. ¿Y qué tiene eso de negativo fuera de que puede considerársele un contenido amarillista, propio de un tabloide? Vuelvo de nuevo a esas fugaces entrevistas y la impresión que pueden causar en los adolescentes y jóvenes, porque lo que ahí se destaca no es la rehabilitación en sí, sino lo que llevó al actor o a la actriz a esa situación, y claro, la impresión de que bastan 28 días o tres meses para que toda adicción quede atrás. Es decir  que un problema grave como el consumo de drogas se trivializa al extremo.

Note el lector, si alguna vez siente la curiosidad de ver este tipo de programas, que los entrevistados que acaban de salir de rehabilitación son siempre actores jóvenes o cuyo trabajo está dirigido al público adolescente. Eso me lleva a pensar si no habrá actores adultos que hayan abusado de las drogas o del alcohol y se hayan rehabilitado. Seguramente los hay, pero su imagen ya no vende, o no vende en el mercado más influenciable, como el que compra la biografía (autorizada o no), la revista o incluso el DVD donde la historia de abuso y rehabilitación se narra al detalle, preferentemente con muchas imágenes y poco texto.

Dedicar este espacio a hablar de algo tan frívolo como son los programas de la alfombra roja tiene como objetivo hacer notar que este tipo de programas si bien son frívolos y superficiales, no son, por llamarlo de alguna forma, inofensivos. Marcan tendencias y muchas de esas tendencias son negativas.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.