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La naturaleza depredadora del sistema económico

José Ignacio Delgado Zepeda*

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) publicó las cifras de pobreza 2012 para todo el país. 53.3 millones de personas se encontraban en pobreza y, de ellos, 11.5 millones vivían en pobreza extrema. Esto representó una leve disminución en términos relativos (disminución de 0.6 por ciento), pero en términos absolutos resultó en un aumento (de 500 mil personas) con respecto al 2010.

En cuanto a carencias sociales (acceso a educación, salud, alimentación, calidad y espacios en la vivienda, servicios en el vivienda, seguridad social), el informe muestra leves avances en la disminución del total de población con alguna o varias carencias, salvo en seguridad social que muestra un ligero aumento de esta carencia.

Sonora siguió la tendencia nacional. En este mismo periodo, la pobreza moderada solo disminuyó en una décima porcentual (unas dos mil personas), mientras que la pobreza extrema aumentó en una décima porcentual (unas dos mil seiscientas personas). Sin embargo, al hacer la comparación entre 2008 y 2012, el cambio es más significativo: la pobreza moderada aumentó en 5.6 por ciento (alrededor de 168 mil personas) y la pobreza extrema aumentó un punto porcentual (cerca de 24 mil personas).

Por su parte, las carencias sociales en la entidad como el acceso a educación, seguridad social y alimentación, aumentaron en 0.2; 4.7 y 4.2 por ciento respectivamente. En contraste, las carencias sociales como las de acceso a los servicios de salud, calidad y espacios en la vivienda, y servicios básicos de la vivienda, disminuyeron en 22.3; 10.1 y 14.4 por ciento respectivamente, en comparación con 2010.

Habrá qué decir que el panorama no es alentador. Los datos parecieran indicar que se combate equivocadamente contra un fenómeno social que crece estrechamente enraizado en la cotidianidad de las instituciones y el espacio público. Y es que buena parte del problema está en las profundas contradicciones de un sistema de mercado que privilegia la acumulación y movilidad de capitales frente al bienestar humano. Contradicciones que también se expresan entre la clase política gobernante y empresarial que, atadas al paradigma desarrollista de los organismos financieros internacionales, promueven las reformas orientadas al mercado, que hasta ahora solo han agravado la desigualdad y la pobreza en el país.

En especial, una reforma hacendaria de carácter regresivo —como puede ser el gravar con IVA a alimentos y medicinas— implicaría que quienes destinan el total de sus ingresos al consumo de alimentos, destinarían menos ingresos al consumo y más al pago de impuestos, y quienes tienen mayores posibilidades de pagar más (y se han visto beneficiados por programas fiscales) pagarían igual que los más pobres.

Los conflictos socio-ambientales son también expresión de estas contradicciones entre el capital y el bienestar, especialmente aquellos que involucran a comunidades indígenas. El afán por mercantilizar la tierra experimentada como territorio, los recursos naturales experimentados como dones, y la cultura experimentada como lo sagrado, expone la naturaleza depredadora del sistema económico y la crisis de representación política en la que habitamos.

*Egresado del programa de posgrado en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora.