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FOTO DE LA SEMANA: “Despedida”

La imagen fue capturada por Alejandro Navarro.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Cambio climático

América N. Lutz Ley*

La atención efectiva al cambio climático abarca dos respuestas centrales: una es mitigarlo mediante la disminución de emisiones y la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) y la otra es incrementar nuestra capacidad para adaptarnos al cambio. Ningún país tiene los recursos ni la competencia para hacer esto por sí solo. Todos contribuimos al problema en diferente medida y todos sufriremos de algún modo sus impactos. Detener el calentamiento global requiere de intensa coordinación internacional, misma que hasta el año 2015 no ha sido capaz de lograr alguna de estas respuestas de manera eficaz y equitativa para todos. La Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (UNFCCC), a través de la Conferencia de las Partes (COP) y la Conferencia de las Partes firmantes del Protocolo de Kioto (CMP, uno de los primeros acuerdos oficiales en la materia), intenta mover las voluntades nacionales hacia objetivos globales. Existe gran experiencia y conocimiento científico, así como gran variedad de actores reunidos en estas conferencias anuales, pero también hay gran complejidad e incertidumbre sobre el cambio climático y sus impactos, y no en pocas ocasiones los intereses económicos y políticos prevalecen por encima del bien global. Un claro ejemplo es Estados Unidos, que en el pasado fue uno de los países más renuentes a aceptar los acuerdos, a pesar de –o debido a– que es uno de los tres primeros consumidores de combustibles fósiles en el mundo.

La última de estas conferencias, la COP21-CMP11, realizada en París en diciembre de 2015, logró un punto de inflexión no visto en la historia de las negociaciones: un acuerdo legal que obliga a los países a realizar cambios para mantenernos por debajo de los 2 grados centígrados de calentamiento hacia el final del siglo. El acuerdo fue firmado el pasado 22 de abril –el Día de la Tierra– en Nueva York por parte de 175 países (incluido México). También se avanzó en materia de equidad: los países desarrollados contribuirán a un fondo común de cien mil millones de dólares hacia 2020 para ayudar a los países en desarrollo a transformar sus economías y posibilitar la mitigación y adaptación. Como el caso de China lo ejemplifica, el desarrollo requiere mucha energía y esto se ha traducido en altas emisiones de GEI. Tuve la oportunidad de atestiguar cómo los representantes de países en desarrollo exigieron en París que se considerara legítimo el derecho de sus poblaciones a tener mejores niveles de vida, puesto que las actuales concentraciones de bióxido de carbono (CO2) en la atmósfera se deben mayormente a las actividades que llevaron a los países desarrollados a donde están ahora.

Esto es un tema de equidad y justicia social planetaria. Sin embargo, no es práctico culpar a determinados países como excusa para no actuar en nuestro propio ámbito.

Apenas el tiempo podrá juzgar nuestras acciones como especie humana. Dejando atrás el glamour de las negociaciones en París, un tema importante es el significado de esto en lo local. La firma del acuerdo seguramente tendrá implicaciones para la política energética de México, basada en combustible fósiles. Falta más tiempo para saber cómo se verá afectada la vida de un ganadero en Moctezuma, la de un conductor de taxis en Nogales, o la de usted que lee este artículo. Por lo pronto, si esto le ha dado más elementos para pensar sobre el calentamiento global y su rol individual en él, yo me doy por bien servida.


* América N. Lutz Ley es egresada de la XII generación de la Maestría en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora. Doctora en Ciencias y Recursos de Tierras Áridas y es asociada de investigación del Centro Udall para Estudios de Política Pública en la Universidad de Arizona.