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La imagen fue capturada por Alejandro Navarro.

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Fintech y la economía colaborativa

Alvaro Bracamonte Sierra*

En medio del fragor de la contienda política y de la esquizofrenia trumpista que un día declara la guerra comercial y al otro saca bandera blanca, Peña Nieto promulga la Ley Fintech. Lo hace en el marco de la 81 Convención de la Asociación de Banqueros de México celebrada en Acapulco.

Las Fintech son empresas que ofrecen productos y servicios financieros haciendo uso de las tecnologías de la información y comunicación como páginas en internet, redes sociales y aplicaciones en celulares. Constituyen, en otras palabras, el nuevo intermediario financiero cuyo origen se localiza en los cambios y transformaciones económicas propiciadas por el desarrollo vertiginoso de las tecnologías de información y comunicación, las TIC.

El crecimiento de estas financieras hacía necesario un marco normativo para regular ese tipo de operaciones. La Ley Fintech viene a cubrir ese hueco y busca generar el ambiente de confianza requerido para el uso de las plataformas digitales que, bien utilizadas, facilitan la habitualmente imposible vida cotidiana.

Las Fintech son una expresión de lo que los especialistas llaman economía colaborativa, que no es otra cosa que poner en contacto la oferta y la demanda en plataformas digitales. Estos dispositivos son una especie de intermediario tecnológico que permite abatir costos de transacción y realizar intercambios muy complejos los cuales, dicho sea de paso, caracterizan a las economías más prósperas.

Ejemplos de economías colaborativas en otro tipo de actividades son Uber o Cabify; o bien Airbnb en giros de hospedaje. También se están generalizando estas alternativas en entrega a domicilio de alimentos procesados e incluso de abarrotes; es el caso de Uber Eats que gana terreno a los negocios con entregas a domicilio.

Las ventajas de la economía colaborativa saltan a la vista. Basta referir la uberización del transporte para dimensionar la clase de beneficios que representa respecto al proporcionado por los taxis tradicionales. Además de que las tarifas resultan más económicas, el servicio es de mejor calidad; los vehículos Uber están en mejor estado que los desvencijados tsuritos que componen la flotilla de taxis. La plataforma Airbnb también tiene esas características: es posible contratar una habitación, una casa, o de plano una residencia, simplemente consultando la plataforma digital de esa compañía tecnológica. El contacto entre el oferente y el demandante es prácticamente directo, sólo enlazado por el intermediario tecnológico. Por lo mismo, los precios y tarifas son más baratos y eventualmente de mayor calidad.

Para darnos una idea del impacto que está produciendo la economía colaborativa en el funcionamiento económico, imaginemos que se organiza un foro o congreso internacional en Hermosillo a donde acuden tanto público local como visitantes foráneos. Es posible que uno de los conferencistas o cualquier interesado en el evento procedente de otra ciudad haya solicitado un Uber para trasladarse a su habitación, reservada a través de Airbnb, y que antes de dirigirse a la sede del congreso consuma alimentos solicitados vía una plataforma digital. Esta práctica, ya habitual para algunos, es resuelta con empresas cuyos giros caen en la llamada economía colaborativa. Si a ello se agrega la consulta del clima en una aplicación o el sintonizar una radio local para familiarizarse con las noticias regionales a través del smartphone, o utilizar éste para revisar un diario de la ciudad o escuchar la música de su preferencia en Spotify, entonces nos percataremos de la profundidad de las transformaciones en curso.

Las Fintech, así como el resto de los servicios ofrecidos en plataformas digitales, nos están facilitando la vida, pero también incuban procesos nocivos en el mercado laboral. Sólo por referir uno de ellos, ahí está la mayor precarización del trabajo que están generando; los empleados de ese tipo de empresas no cuentan con prestaciones y menos con la seguridad en el empleo. Se trata de mano de obra cuyos ingresos se obtienen laborando a destajo y en condiciones frecuentemente degradantes.

En fin, la economía colaborativa que moldea el mundo moderno tiene, como casi todo, ventajas y desventajas. La tarea es hacer que estas últimas sean las menos y las primeras las más. De ese tamaño es el reto.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.