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La imagen fue capturada por Anayeli Cabrera

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Ética y política

 

Nicolás Pineda*

Se percibe en las campañas políticas una sensación de que estamos próximos al fraude, a la trampa, y de que se va a burlar a la ciudadanía. Son tan fuertes los intereses de la clase política gobernante, que no puede darse el lujo de perder y no va a soltar sus privilegios solo porque sus índices de aprobación son bajos o porque la intención del voto ciudadano no la favorezca. Se piensa que así ha sido desde hace mucho y así seguirá siendo la política. En esta mentalidad se han formado la mayoría de los políticos mexicanos. De hecho, muchos conciben a la política como el arte de burlar a los demás y salirse con la suya.

Surge la pregunta: ¿Se vale todo en la política? ¿No hay ética en la política?

La vieja escuela de Maquiavelo

Muchos políticos, sobre todo en países subdesarrollados y repúblicas bananeras, recurren a Maquiavelo para contestar la pregunta sobre la ética y la política. Maquiavelo considera que el éxito del príncipe (o del político gobernante) es fundamental. Quien gobierna el Estado debe de garantizar su propia gloria y el éxito de su gobierno. Para conseguirlo no puede estar limitado por la moralidad. Por lo tanto, el fin justifica los medios y el gobernante está justificado para mentir, engañar y cometer crímenes con tal de salirse con la suya. El fin primordial es conseguir, retener y aumentar el poder.

Esta es la mentalidad del viejo PRI, de la policía política de Gutiérrez Barrios, del grupo Atlacomulco, e incluso de toda esa camada de gobernadores mexicanos, como Padrés y otros, que se engolosinaron con el poder. No conocieron otra forma de gobernar que la de Maquiavelo. Por ello, no importaron los principios morales ni las buenas causas, solo importó conseguir el poder y sus privilegios. Ésta es incluso la mentalidad que está atrás de la impunidad; los gobernantes están autorizados para desviar fondos públicos, y en este caso el robo está justificado.

Ética y política en el pensamiento político moderno

El problema de esta forma de pensar es que es una teoría de gobierno caduca y obsoleta. Maquiavelo publicó su obra El Principe en 1513. Es del siglo XVI y estamos en el siglo XXI. Después de eso, han pasado muchas cosas y ha corrido mucho pensamiento y desarrollo político. Por mencionar algunos hechos: a partir de 1517 se dio la reforma protestante que se rebeló contra esa manera de ejercer el poder. La Iglesia católica misma hizo una contrarreforma para emprender una renovación moral. Luego vinieron la ilustración, el liberalismo y el socialismo. Pero sobre todo, después de los horrores de las guerras mundiales y la Alemania nazi del siglo XX, se consolidó la idea de la democracia como la forma menos mala de gobierno (según famosa frase de Churchill).

Si consideramos que el liberalismo político y la democracia son la ideología política dominante (o incluso definitiva como la considera Fukuyama), entonces la moralidad es definitivamente parte integral de la política y de la manera de gobernar. El desarrollo político consiste, entonces, en la incorporación y prevalencia de la ética en la política y en el gobierno. Un país está politicamente más desarrollado en la medida en que sus gobernantes y políticos se conduzcan con moralidad y ética. Los países más desarrollados, como Dinamarca, Suiza y Japón, exigen que sus gobernantes sean éticos. En cambio, los gobernantes de los países menos desarrollados políticamente son ejemplo de crimenes políticos y engaños a la ciudadanía. Entonces, el fin no justifica los medios, y no se vale todo con tal de conseguir y retener el poder. Los principios éticos también aplican a la política.

*Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.