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FOTO DE LA SEMANA: “Piñas van, piñas vienen”

La imagen fue capturada por Ramón Angel Romero Valdés

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Madre admirable

Zulema Trejo Contreras*

El 10 de mayo en México se celebra el Día de las Madres, y año con año el despliegue de celebraciones en honor a las mujeres que optaron por la maternidad es más grande, o quizá más visible debido a los medios de comunicación, como internet, donde circulan desde hace varios días los populares memes, videos, audios, posts que celebran el día, lo satirizan con ese inimitable tino humorístico mexicano, lo ridiculizan, exaltan o incluso lo convierten en polémica. Sin embargo, lo prevaleciente en todas partes es la exaltación de la figura materna. Diremos que más que la maternidad en sí, lo que se exalta es un tipo específico de maternidad , un tipo “ideal” de madre que se configuró hace mucho tiempo.

En siglos pasados el modelo de la madre abnegada, dispuesta a los máximos sacrificios por lo hijos no era tan totalizante como se le concibe ahora. El tipo de madre ideal dependía de la clase social a la que perteneciera la mujer. Por ejemplo, en los siglos XVII, XVIII y XIX, para las mujeres de las clases altas la única función materna que se esperaba de ellas era la concepción; una vez que los hijos nacían, eran entregados a las nodrizas que los amamantaban, a las niñeras que los cuidaban, a institutrices y preceptores que los educaban. Los niños crecían distanciados de los padres tanto física como emocionalmente. Naturalmente, existieron excepciones como en toda situación.

Las madres de las clases trabajadoras también estaban lejos de representar el modelo ideal de madre que se tiene actualmente. En las familias de pocos recursos los hijos eran vistos como un “capital”, pues tan pronto como eran capaces de hacerlo, se los incorporaba al mercado de trabajo ya fuera en las minas de carbón, las fábricas textiles, el cultivo de las tierras y huertos familiares o cualquier otra actividad que pudiera aportar ingresos a la familia. De ahí que los niños prácticamente no tuvieran infancia, en el sentido que la conocemos actualmente.

La imagen de la madre como actualmente la conocemos comenzó a conformarse hacia finales del siglo XIX, cuando a la imagen de las mujeres que estudiaban, trabajaban fuera del hogar, exigían el derecho a voto y a otras garantías civiles como el manejo de sus patrimonios se contrapuso la figura de la mujer como origen y baluarte de la familia. El “ángel del hogar” fue tomando forma en la medida que la autoconsciencia de la mujer como persona con derechos y obligaciones iba emergiendo y concretizándose a través del derecho a cursar estudios superiores y a ejercer profesiones tradicionalmente masculinas.

La madre ciertamente es una persona tan digna de admiración como lo es también la mujer que decidió conscientemente no optar por la maternidad; ambas viven día a día el reto de ser mujeres en una sociedad que todavía concibe el papel de la mujer como “ángel del hogar”, dedicada exclusivamente al cuidado de las personas que están a su alrededor sean estos hijos, esposos, hermanos, padres e incluso amigos, que por una u otra razón terminan dentro del círculo familiar de alguien cuando necesitan de cuidados. El cuidado de los otros no tiene porqué ser una labor exclusivamente femenina, tanto los hombres como las mujeres tienen las capacidades para cuidar de sí mismos y de cualquier otra persona que esté a su alrededor y requiera cuidados.

Las madres admirables de los poemas, las madres abnegadas de las películas de la época de oro del cine mexicano, las madres inmaculadas de las canciones son, más que una realidad, un ideal. Un ideal al que se aspiró en otras épocas y aún en la actual; sin embargo, rara vez nos preguntamos si esa aspiración es propia de las mujeres o si ha sido una imposición. En el Día de las Madres valdría la pena reflexionar al respecto.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.