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Saber leer, escribir y sacar cuentas

Zulema Trejo Contreras*

En toda época siempre se ha requerido cumplir ciertos requisitos para ocupar un cargo en las esferas del gobierno, obviamente estos requisitos han variado de acuerdo a la épocas y el cargo al cual aspiraban las personas. Por ejemplo, en el siglo XVII, en la corte de Luis XIV, el “Rey Sol”, los requisitos para optar por un cargo en las altas esferas del gobierno incluían tener fortuna propia para asumir los gastos que el empleo ocasionaba, pertenecer a la realeza o a la alta nobleza y tener el favor del rey. En términos actuales, diríamos que debían caerle bien al soberano. Por la misma época, en España el gobierno solía estar en manos de los “validos” o personal de confianza del rey. Ejemplo de ello son el duque de Lerma y el conde-duque de Olivares, aristócratas que consiguieron la total confianza dell rey español, de modo que les dejó manos libres, diríamos ahora, para gobernar.

Los ejemplos mencionados en el párrafo anterior corresponden a los más altos funcionarios de las dos grandes potencias del siglo XVII, sin embargo, por debajo de ellos existía todo un entramado de funcionarios que se encargaban de mantener en funcionamiento la maquinaria del gobierno; ellos conocían leyes, precedentes, interpretaciones y la manera en que debían aplicarse; sabían cómo funcionaban las finanzas del reino, llevan los expedientes de los consejos y reuniones, se encargaban de la correspondencia de los soberanos, en suma, eran quienes mantenían funcionando los engranajes de las monarquías.

El requisito indispensable para que estos funcionarios ocuparan tales cargos era que supieran leer, escribir y sacar cuentas; después de eso, ya venían los requisitos específicos, por llamarles de alguna forma, por ejemplo estudios de jurisprudencia. En la monarquía española de los siglos XVI y XVII también existió un tipo de puestos que se conocían como vendibles y renunciables, es decir, que determinados puestos podían comprarse de forma vitalicia e incluso –cuando el beneficiario lo deseaba–  renunciar y nombrar a su sucesor.

En la Sonora del siglo XIX existían cargos que tenían un sueldo asignado, como diputados, gobernador, vicegobernador, tesorero estatal. En algunas ocasiones los prefectos y jueces alcanzaban salario, otras veces la leyes decretaban que estos funcionarios no debían recibir ningún pago por su servicio; la mayor parte de las veces tampoco lo recibían los integrantes de los ayuntamientos. Y no recibían salarios porque se consideraba que sus servicios al Estado eran una obligación que iba aparejada a los derechos que el mismo Estado les otorgaba. Actualmente vale preguntarse si alguien estaría dispuesto a ocupar algún cargo público sin éste lleve aparejado un sueldo.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.