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FOTO DE LA SEMANA: Cactus muerto en el Pinacate

La imagen fue capturada por Anayeli Cabrera Murrieta

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Una suerte de crónica del intercambio Guarijío-Comcáac…

UNA SUERTE DE CRÓNICA DEL INTERCAMBIO GUARIJÍO-COMCÁAC DE SABERES Y PRÁCTICAS TRADICIONALES SOBRE EL APROVECHAMIENTO DE PLANTAS CULTIVADAS Y SILVESTRES QUE FORMAN PARTE DE NUESTRO PATRIMONIO BIOCULTURAL.

TERRITORIO GUARIJÍO, ÁLAMOS, SONORA, 13-17 DE ABRIL, 2018. Parte 1

Viernes, 13 de abril, 2018

El encuentro del grupo anfitrión de facilitadores (Ramón Martínez Coria, Armando Haro y Víctor Eduardo Téllez, de Red Kawueruma, COLSON y Foro para el Desarrollo Sustentable A.C.) con la comitiva Comcáac estaba programado a las 5 PM en Álamos, pero, este grupo de apoyo a los Guarijío aun andaba haciendo todavía compras en Navojoa, así que los Comcáac se adelantaron por su cuenta a ver la exposición Saberes del Monte, en el Museo Costumbrista de Álamos, donde ya estaba concertada su llegada y atención por parte del Director, Antonio Estrada. Con este suceso dio inicio el intercambio, pues los Comcáac tuvieron la oportunidad de conocer un poco de la cultura Guarijía y la historia natural y social del Río Mayo.[1]

Aun antes de encontrarnos advertimos todos –como luego platicamos- que existe un ambiente mutuo de expectativas por este intercambio que es el segundo entre Comcáac y Guarijío, y, para casi todos los que vienen de fuera, la primera visita al sur de Sonora y a la región Guarijío.[2] Luego de pasear por la plaza de Álamos, para culminar el día, cenamos antojitos y ensaladas en un bonito restaurant de Álamos. El rompehielos de la cena nos sirvió para comenzar un diálogo sobre la situación de estas dos tribus, que tienen una población inferior a los dos mil habitantes en sus comunidades tradicionales, en territorios que son depositarios de gran riqueza y diversidad biocultural, mineral y energética. Para este encuentro nos interesa enfatizar las plantas que se comen y sus usos curativos, artesanales o de otro tipo. Estas dos culturas étnicas ancestrales mantienen estrategias alimentarias, curativas y sanitarias que se retroalimentan de la gran matriz civilizatoria precolombina árido-americana de recolección estacional. En contraste, la cultura Guarijío, pero no la Comcáac también tiene raíces en las formas oasis-americanas con influencia meso-americana agrícola de temporal. Las farmacopeas de ambos pueblos dan cuenta de la biodiversidad que albergan sus territorios y pueden contener respuestas a sus propios perfiles de hambruna, desnutrición y morbimortalidad, así como generar estrategias de empleo e ingreso en el seno de sus familias.

Ambos pueblos persisten marginados del aparato público, están conscientes de las amenazas que se cierran sobre sus destinos y están dando la lucha por su dignidad e integridad. Pero estaban haciéndolo de manera separada, cada quien por su cuenta. Ahora se han encontrado y comienzan a reconocer saberes comunes tan importantes como las plantas que se comen y las que curan. Este diálogo solo ha dado inicio y se han abierto puertas impensadas. Los demás, que somos acompañantes, nos agrupamos en organismos civiles y académicos desde diferentes procesos de diálogo y acompañamiento a las dos tribus con quienes convergemos en un proceso de intercambios y aprendizajes que se extienden a todos los gradientes de la defensa y conservación de sus patrimonios bioculturales y territoriales. Emprendemos ya a oscuras el viaje hasta San Bernardo (51 kms.), para alojarnos en 6 habitaciones del Hotel Divisaderos, nuestro cuartel para este encuentro.

Sábado, 14 de abril, 2018

Desde el amanecer en la cocina del hotel con café comenzamos a preparar el desayuno, a base de machaca con verduras y huevo, jugo de frutas, café y tortillas de maíz. En su transcurso se realizó una breve introducción sobre la problemática de la presa y su impacto potencial en el territorio y la cultura de los Guarijío, a cargo de Ramón Martínez Coria. Luego de un episodio de fallo repentino y compostura espontánea del Sentra (COLSON), certificado por un mecánico local, emprendimos el viaje en tres unidades a Los Estrados, haciendo una primera parada abajo del puente de Nahuibampo para admirar el Río Mayo y ser bautizados con un primer saludo. Laura Molina entonó con los pies en el agua un canto tradicional Comcáac, mientras se asomaban garzas blancas por la rivera, venteando las suaves brisas que nos saludaban al paso por la jornada, “Va por el Mayo la ventolera, de los convites como el de abril, corazón Comcáac en la mañana canta al mezquite y su poder”, una nota en nuestro diario de campo. “Traslado de San Bernardo a Los Estrados. Avistamiento del Río Mayo y flora local en el camino”, decía el programa, pero, ya íbamos un poco tarde, así que no entramos a Sejaqui para ver un pueblo yori hoy casi abandonado. Por la carretera, desde antes del Aguaje del Chino, comenzamos a ver la coexistencia de especies en este ecosistema de selva baja caducifolia: encinos (Quercus,cusi en guarijío) con cactáceas (Opuntias y Stenocereus, entre otros), pochotes (Ceiba acuminata), con torotes (Bursera) y amapas (Tabebuia impetiginosa), guayacán (Guaiacum coultieri) con etcho (Pachycereus pecten aboriginum) y diversas especies tropicales, incluido el San Miguelito o Ka´amori, una enredadera de raíz comestible que florea rosita (Antigonon leptopus).[3]

A Los Estrados nos acompañó gente de la Colonia Macurahui (Julia Romero Zazueta, Doña Elvira, dos adolescentes, Wilfrido Parra, Juanita Buitimea y sus cuatro hijas, Daniela, Blanca, América y Judith). Llegamos directo a la escuela primaria, donde el salón que nos prestaron se llenó para nuestra actividad mañanera, ya de mediodía. Hicimos bienvenida de los asistentes a cargo de Don Máximo, gobernador local y de Maximiana Buitimea, Marcelino Macario Ciriaco y otros residentes, quienes agradecieron amablemente la visita de los hermanos Comcáac. Ramón explicó lo que significa Meso y Oasis-américa, como fue cambiando el uso del monte en esta parte del planeta, desde los usos indígenas ancestrales del territorio, las prácticas agrícolas y de silvicultura, caza y usufructo de los recursos. ¿Qué sabemos sobre el monte que hay aquí en mi comunidad?, ¿Cómo nos relacionamos con el monte?, ¿cuál es su importancia?; 2) ¿Cómo está el monte en la actualidad?, ¿Cuáles amenazas tiene? Hubo varias intervenciones que destacaron el impacto del uso de los árboles como combustible y para carbón, además de señalar como en la región mucha fruta y semilla no se usa y hasta se pierde como sucede con el etcho o el pochote que abundan en la región. Luego, efectuamos una dinámica en equipos, revueltos entre las dos tribus, para elegir una o dos plantas comestibles en común, y hacer una descripción sobre sus usos conocidos, con el apoyo de un listado sintético con información de fuentes publicadas en libros o en internet, de la base de datos Saberes del Monte.[4] Para elegirlas, fuimos pegando en cartulinas de colores varias opciones que luego seleccionaban los equipos. Repartimos fruta.

Luego pasamos a una plenaria, donde se abordaron el mezquite, el etcho, el papache, la pitahaya y el epazote, pasando cada grupo al frente a exponer lo dialogado en su mesa. Un protagonista notable de este intercambio fue el mezquite (Prosopis glandulosa, Jupará en guarijío, Haas en comcáac), que para la gente Guarijío básicamente se usa como forraje, aunque encontramos varias referencias al atole de péchita (la vaina –tomorí- del mezquite), mientras que para la gente Comcáac se considera un alimento importantísimo pues de su vaina hacen harina y con ella preparan galletas y empanadas. Lo irónico es que el mezquite es poco frecuente en el paisaje Comcáac y ocurre en abundancia en el Guarijío. Esto nos llevó a dos hilos conductores para generar aprendizajes cruzados, por un lado, trabajar en la valorización y protección del mezquite en territorio Guarijío, donde recientemente se ha incrementado su extracción para la producción de carbón bien cotizado en los mercados regionales y lejanos con la deforestación consecuente, con el propósito de incorporarlo al repertorio de recursos alimentarios, aprovechando su abundancia pero cuidándolo de la depredación; por otro lado, buscar estrategias para un banco de semillas que posibilite su propagación en territorio Comcáac. En dos ocasiones, los Comcáac nos regalaron una canción dedicada al mezquite y aprovechamos para repartir folletos sobre este noble árbol (Boletín Kawueruma del Río Mayo No. 7).

Los Guarijío solo pudieron describirles el fruto del papache (Osokora, Randia echinocarpa) que encontraron en el monte porque ya pasó la temporada, así que contaron cómo se parte la cáscara dura cuando madura y se pone amarilla para sacar esa miel café que cubre las semillas. Una de las referencias con más textura fue cuando les explicaron que, después de saborear el papache el agua sabe más dulce y fresca; les dijeron también que, a los yoris (gente no originaria), más a los gringos, les interesa comprar papache por sus propiedades para la diabetes. No faltó quien les puso en la mano un fruto de papache seco que admiraron por su rugosa y picuda corteza. Se habló bastante también de dos cactáceas: la pithaya (Stenocereus thurberi) y el etcho (Pachycerus pecten aboriginum), sus usos comestibles y medicinales.

Terminando la dinámica fuimos a comer todos al pre-escolar, donde con insumos de la Cruzada Contra el Hambre (platos, vasos, ollas), algunas mujeres nos prepararon una comida a base de tortillas de maíz, ensalada de coditos con atún, mayonesa y verduras. Probamos habas tatemadas en el comal y bebimos agua de limón con azúcar, con risas asiduas y el aderezo visual de los vestidos de las mujeres Guarijío, que les llamaron mucho la atención a las Comcáac. Organizamos -ya que pasó poco el calor- la caminata botánica hacia el rancho de San Pedro, comenzando desde la carretera, donde abundan papaches y pithayas, mezquites y uno que otro encino. Al llegar, en el huerto de la primera casa había calabaza sembrada de la sehualca (Cucurbita moschata) y también bledo o Amaranthus hybridus, el wewí Guarijío. Nos sorprendió en general, la limpieza de los patios. Nos fuimos a caminar al aguaje, hasta donde se juntan los arroyos que van al Platanar y a donde se dan los arrayanes. “Desde el momento en que caminas de la carretera hacia el aguaje, las bellas vistas inundan los ojos, los Comcáac y otros invitados quedaron maravillados de la bella naturaleza que nos proporciona la región Guarijío. Ese día aprendimos a identificar mejor las plantas, ya que preguntamos a los locales todas nuestras dudas” (Víctor Eduardo Téllez). Llegamos al entronque de dos arroyos, mirando chunas, amoles (Agave vilmoriniana), tescalamas (Ficus petiolaris), chicuras (Ambrosia ambrosoides, Tincl, en comcáac) y batamotes (Caaöj y Wachamó, Baccharis salicifolia) Con el tempisque (Paaza, Kasalá, Sideroxylon occidentale ) fruteando en medio del patio de la casa que ahora habita la familia de Felizardo Macario Romero, músico de los buenos, donde comimos rebanadas de piña y tomamos café y hubo venta de artesanía. Maximiana se vino con nosotros a San Bernardo y acordamos la participación de algunas personas el próximo lunes en el Taller que allí tendremos.

Al retornar a San Bernardo en la casa de Lupita Flores y con apoyo de Eulalia Borbón, ahijada suya, cenamos colache (plato regional de calabacitas, hecho aquí con  Cucurbita pepo, la calabaza zuchinni, guisadas con cebolla, chile, maíz y queso), frijoles, tortillas de harina y de Maseca y un té esencial hecho con poleo, té limón (Andropogon citratum) y albahaca (Ocimum basilicum) cultivado en el patio y que mucho agradó a los asistentes como bálsamo de un día muy paseado e intenso, una especie de arreo dulce para irnos todos a dormir esa noche de sábado. Los Comcáac se asombraron de la riqueza vegetal, tantos árboles que no conocían y otros que habían oído hablar o visto en fotos. Entre las expectativas Comcáac a la hora de las caminatas, fue notable la insistencia de Don Manuel Monrroy para ver los encinos, él tenía la idea de que las montañas del territorio Guarijío estarían cubiertas de bosques de pino-encino (como Yécora, decía) y nunca se imaginó que conocería el bosque espinoso, donde también viven los encinos cusí (Quercus albocincta). En el trayecto hacia Los Estrados y en la caminata de esa tarde le hizo saber a nuestros anfitriones que le interesaba conseguir algo de corteza de ese encino cusí por su medicina para los dientes.

Domingo, 15 de abril, 2018.

El domingo amanece en San Bernardo, con Mike, Laura y algunos Comcáac tomando ya café otra vez en la cocina. Entre todos, hacemos lonche para la caminata botánica de este día, con sándwich de jamón y queso, mayonesa y mostaza, una manzana, juguito y barrita energética. Llegan como diez acompañantes de Colonia Macurahui, con todo y Don Lupe, gobernador de parte de los Guarijíos, así como gente que sigue a Don José Romero y también de Los Jacales. Hoy es cumpleaños de Laura y antes de salir hacemos un círculo, donde Don Lupe da una bienvenida y hay cantos Comcáac para salir al monte, que aprendamos y nos vaya todo muy bien.[5]

Emprendemos por el Taymuco, un recorrido botánico muy rico, bajando a pie el grupo desde el hotel, “para la apreciación del ecosistema de la selva baja caducifolia”, dice en el programa. Muy bueno el sendero por el arroyo, sombreado y bucólico, va rodeando San Bernardo, como una suerte de periférico que recorren algunos transhumantes del pueblo. Vemos Euphorbias, Fabaceas, Ficus y Solanaceas, recogemos semillas de “chaka-pusí” (Rhynchosia precatoria), y así, muy pausadamente y con muchos diálogos en grupitos, llegamos a un chalate (Ficus trigonata) donde comemos lo que queda del lonche y luego vamos caminando otro kilómetro y medio hasta la obra de la cortina de la presa por un camino de subida que deja el arroyo y entronca con la carretera de terracería. En el trayecto, con Maximiana, las dos Lauras y Verónica, fuimos identificando y comentando sobre más plantas. Aquí predominan, además de las fabáceas, las Asteraceae, y de ellas pudimos ver varios ejemplares de Chicura (Ambrosia ambrosioides), el Tincl comcáac,  Chikurá de los Guarijío. Es una planta muy medicinal, usada la raíz en esta región para fiebres y en el pre y post-parto para fortificar la matriz, mientras que los mayo añaden para arrojar restos placentarios, como los comcáac, además para problemas de infertilidad y males de vías urinarias. Otros usos incluyen fiebres (guarijios), y en otros sitios de México: en tos, anemia, gastritis, tumores, dolor de estómago, empacho, reumas, como abortivo y en trastornos menstruales.[6] El batamote (Baccharis salicifolia), Wachamó en guarijío, Caaöj en comcáac lo usan mucho los guarijíos para construir las enramadas donde se llevan a cabo reuniones y fiestas tradicionales, también de uso artesanal, para hacer palos para pescar en el río Mayo, ramas para tirar los cohetes, antes se usaban para hacer flechas. Sus usos medicinales son también muy numerosos y comcáacs y guarijíos comparten la costumbre de poner hojas calientes en la cabeza u otras partes doloridas del cuerpo, en el dolor de oído, en la Región Guarijío sonorense se usa moler las hojas -que son resinosas y en forma de lanza, márgenes aserrados – y las puntas de las florecitas blancas que crecen en cabezuelas, se muelen para mezclar con aceite y Vick Vaporrub para poner por dentro cuidadosamente en el oído.[7]

De las Papaveraceae, tuvimos ocasión de admirar y comentar el cardo (Argemone ochroleuca Sweet), Xazácöz en comcáac y Tatachinore en Guarijío, con sus características flores de pétalos blanco-amarillentos que parecen de papel. Los comcáac emplean las hojas para dolor de riñón, y para limpiar la matriz después del parto, en casos de infertilidad; los guarijíos, en ojos irritados, cataratas, dolores musculares, problemas de hígado y colesterol alto, el látex de los tallos en aplicación directa, las hojas y la raíz hervidas en agua y tomadas como té.[8] Comentamos de hallazgos en la literatura científica, como su parentesco con la amapola, que ya se ha comenzado a sembrar en el Río Mayo; entre ellos, su efecto narcótico y sedante, y le han encontrado actividad antibiótica, antifúngica y antitumoral, así como también que la planta y semillas son tóxicas para los vacunos.[9] Hablamos también sobre la relevancia que ha jugado el maguey, Mahí (Agaves de varios tipos, hay 12 en la región), en la trayectoria histórica de los guarijíos, pues muchas veces usaron la tatema de las pencas en tiempos de hambrunas o durante las escapadas al monte cuando la lucha por la tierra.

Dejamos el camino del arroyo para subir a la carretera que conduce a la obra de la presa. Muy dramático encontrarse con el Río invadido por una obra que profana en su inmediatez al sitio sagrado de Los Pilares, donde hay cuevas, aguas termales y leyendas de unos gigantes que quedaron allí petrificados porque hacían daño a la gente, como ahora la obra de cemento que inunda el paisaje con su bizarra presencia en medio de burseras, agaváceas y cactáceas, obstruyendo el libre paso del agua, que aquí deja de cantar. Algunos nos bañamos a la vera del puente y la cortina. “Aunque en esta caminata se veía más árido el terreno a diferencia del día anterior, no deja de maravillar los imponentes pilares de la montaña que lleva el mismo nombre, además de ver el bello río aún con agua. Después de caminar y llegar a ver la destructora presa, mucha gente decidió bañarse en el río, en especial niños Guarijíos los cuales estaban muy contentos de jugar y nadar en la fresca agua. De nuestros invitados, solo Laura y Mike se animaron a meterse” (Víctor Eduardo Téllez).

Después de la visita al lugar sagrado Guarijío de Los Pilares, fuimos llegando por tandas a donde Lupita, quién nos esperaba con un pipián tradicional de semillas de calabaza zehualca (Cucurbita mostacha), con cilantro (Coriandrum sativum L.), ajo (Allium sativum) y cebolla, tortillas de Zea mays y papas cocidas, pasta verde y roja de chiltepín al gusto y agua de jamaica (Hibiscus sabdariffa) bien concentrada.[10]

A las 16:00 estaba programado el cierre del Concurso Saberes del Monte en San Bernardo, en las instalaciones de la CDI, donde ya habíamos instalado las mesas y sillas rentadas en Álamos. Una tarde con muchas actividades en ese almacén que nos prestaron y que tuvimos que barrer y acomodar previamente, con mantas del Patrimonio Biocultural Guarijío, la bandera, rotafolios en blanco ya pegados en la pared, regalos y algunas viandas para comenzar a abrir boca. Afortunadamente, ya no hacía tantísimo calor y poco después de apenas llegar comenzaron a incorporarse numerosos participantes locales, tanto de Los Jacales como de la Colonia Macurahui, quienes abarrotaron raudamente el lugar.

Comenzamos dando la bienvenida, haciendo presentaciones de todos los asistentes y explicando el motivo de la reunión. Luego, con un divertido juego de lotería, por parejas, con el propósito de entregar premios a los participantes, a elección en una mesa ya dispuesta, donde había artículos de dibujo, camisetas anaranjadas del Concurso, una parrilla eléctrica, artículos de baño, un ajedrez, un cometa y otras cosas. Siguió con una presentación de Armando sobre el Concurso Saberes del Monte, en powerpoint, y repartimos el Boletín # 5, así como un jugo de tuna traído como aporte del grupo Comcáac al intercambio, algunos dulces y mazapanes. El cierre fue con cantos y danzas Comcáac en el patio de la CDI, donde hasta el Beto Parra se animó a pascolear parejo; luego, llegó una bandeja con ensalada de atún (pepino, cebolla, tomate, verduras, mayonesa) con tortillas de maíz –traídas en tandas de enque Lupita- chiles jalapeños opcionales y más jugo de tuna roja.


[1] De parte de los Comcáac vinieron 11 personas en 2 camionetas que nos fueron de suma utilidad para el translado colectivo durante todo el encuentro. Laura Monti y Michael Gray de choferes, y entre los Comcáac, Manuel Monrroy Morales, Cristina Molina Martínez, Azucena Morales Astorga, Laura Molina Martínez, Verónica Molina Morales, de Desemboque (Pitiquito, Sonora) y Romelia Barnett Díaz, Mayra Olivia Estrella Astorga y Lourdes Karelia Perales Hoeffer de Socaixx (Punta Chueca, municipio de Hermosillo, Sonora), además de la Licenciada en Ecología Gabriela Suárez, del proyecto CAZMEX. El grupo Guarijío fue muy amplio y diverso, cambiante en los distintos momentos, pero incluyó especialmente a Maximiana Buitimea Valdéz, Marcelino Macario Ciriaco, Reyna Armenta, Máximo Buitimea Romero, de Los Estrados; y a Wilfrido Parra, Juana Buitimea Zazueta, José Romero Enríquez y Guadalupe Rodríguez Enríquez de Colonia Macurahui; Julia Romero Ochoa y Yesika Vanessa Velderrain Romero de Los Jacales, entre muchos otros que nos acompañaron en distintos momentos, en un número de alrededor de entre 200 a 250 personas de todas las edades.

[2] “Hubo un tiempo que hubo. En un entorno social e histórico de despojo territorial y desplazamiento forzado de los pueblos originarios y sus modos ancestrales de sobre-vivencia, pero también de la tutela constitucional de sus patrimonios bioculturales, los vínculos que se han generado y cultivado entre sus comunidades tradicionales, sus organizaciones y diferentes actores de la sociedad civil que trabajamos bajo los estándares internacionales de derechos humanos y cooperación, constituyen una estrategia de resistencia y resiliencia posible que se propaga y se complejiza conforme dura.  En eso estamos. Entre las formaciones socio-culturales más vulnerables al olvido se ubican aquellas poblaciones que tienden a disminuir su demografía por emigración obligada y dejan de transmitir el habla de sus lenguas maternas, así pierden los secretos de sus antepasados y se pauperizan más rápidamente. Tal es el riesgo de las tribus Comcáac y Guarijío de nuestros tiempos” (Ramón Martínez Coria).

[3] ¿Por qué Los Estrados? “En todo este jaleo del intercambio, la incorporación de los grupos de población Guarijío nos planteó varios niveles de dificultad”. En este caso, seleccionamos comunidades accesibles por carretera, coincidente con un perfil vulnerable de pauperización persistente. Los Estrados, comunidad peculiar por su situación topográfica respecto al ejido del que es parte que cruza la frontera intermunicipal Álamos-Quiriego, donde la cabecera ejidal queda en Quiriego y sus tierras comunitarias y poblado en Álamos, con doble marginación del aparato público. Por el lado de Los Estrados, además del diálogo constante con Don Máximo su Gobernador, hemos estado trabajando con Doña Maximiana Buitimea, encargada de la Casa de Salud y espléndida colaboradora para cualquier perfil de gestión comunitaria, así como con Marcelino Macario, quien ha sido agente de policía en la localidad”.

[4] Algunas preguntas para este ejercicio fueron: ¿Por qué el grupo escogió esas tres plantas?, ¿Qué saben sobre estas plantas y que nos quieran compartir? ¿Cómo aprovechamos estas plantas?, ¿Qué estrategias podemos planear para mejorar nuestra salud, nutrición? Para la plenaria se usaron rotafolio y plumones.

 

 

[5] La situación de los Guarijíos en San Bernardo merece comentarse. Los grupos de familias que viven en el Ejido San Bernardo se distribuyen en dos asentamientos: Los Jacales y  Colonia Macurahui, pero, ninguna familia Guarijío es titular de derechos agrarios en ese ejido, fundado en la década de 1940. A su vez, los que viven en la Colonia Macurahui están divididos por la intervención de actores gubernamentales que buscan impedir que la tribu Guarijía se unifique políticamente. En este contexto, tenemos que hay tres Gobernadores tradicionales Guarijío en San Bernardo, uno (muy nuevo) en Los Jacales y dos más en la Colonia Macurahui donde cada uno tiene su enramada y su grupo de familias leales a su autoridad.

[6] Las investigaciones han encontrado actividad antibiótica contra gérmenes gram +, presencia de sesquiterpenlactosa en toda la planta y saponinas antimicóticas en esta abundante planta de los arroyos y márgenes de los valles que crece entre 10 y 1050 msnm en climas muy secos en bosques de matorral xerófilo de la costa, selva baja caducifolia y bosque de encinos. Está registrado el uso histórico comcáac de esta planta para fumar sus hojas, así como la obtención de un pigmento vegetal amarillo y su uso forrajero. En la región Guarijío existe la leyenda del “Juez Chicura” que se encarga de “casar” en el monte a las parejas de jóvenes que se fugan para juntarse.

[7] En otras partes del país, es popular el empleo de tallos y hojas para uso externo en cansancio las de piernas, golpes, heridas, infecciones y ulceras en la piel y para que salga pelo, con presentaciones artesanales e industriales en jabón y shampoo;  en infusión, las ramas con hojas se utilizan en infusión para “latido”, digestivo, infección intestinal, “mal de orín”, “rabia” (uso no comprobado), hemorragias post-parto (no especificado), para perder peso y como anticonceptivo. Entre los rarámuris se ha registrado su uso como piscicida, auxiliar en la pesca.

[8] Entre los mayos, para el mal de ojo (conjuntivitis) y llagas, y en otras tradiciones de medicina popular e indígena de México, además de estos usos del noroeste mexicano, la planta aparece en sordera, dolor de pulmón, para hacer brotar el “chincual”, como purgante y emético; en bilis, cólicos infantiles,  tos, problemas dentales, úlceras bucales y afecciones cutáneas (picazón, verrugas).

[9] En el cuadernillo pudimos ver que posee alcaloides sanguinarina y dihydrosanguinarina que son muy tóxicos, además de saponinas, berberina y protropina. La planta y  las semillas pueden ser venenosas para el ganado. De las semillas se fabrica un aceite esencial y tiene también usos como bioinsecticida. Ninguno de nosotros conocía estos aspectos con anterioridad.

[10] “Uno de los espacios de tertulia que más disfrutamos fue el de compartir la mesa y la gastronomía local con Doña Lupita en San Bernardo, siempre con tortillas de maíz de nixtamal o de harina hechas a mano, con variantes maravillosas de pasta de chiltepín verde o rojo (Capsicum annuum), con ajo, orégano y vinagre, sal,  así como deliciosas combinaciones de hasta cuatro hierbas del traspatio para hacer té. A nuestra camarada Doña Lupita le pedimos entonces que preparara el tradicional pipián blanco de semillas de calabaza, un delicado suero que se produce al moler en metate y lavar las semillas en un wari (cesta de palma); hubo que moler seis litros de semilla de calabaza, el pipián fue así la base para preparar un pollo con cilantro que nos dejó a todos fascinados y satisfechos” (Ramón Martínez Coria).