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FOTO DE LA SEMANA: “Colibríes”

La imagen fue capturada por Lupita Centeno

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Escenarios

Nicolás Pineda*

Es oportuno reflexionar sobre cuáles son los escenarios futuros para México si pierde o si gana AMLO. Los escenarios se construyen con base en variables estratégicas y en horizontes temporales. Como variables podemos escoger la política económica, la lucha contra la corrupción y la inseguridad. Otro elemento clave a considerar es la consecuencia en el régimen político prevaleciente. En cuanto a los horizontes temporales, se puede plantear a corto plazo para el primer año, o a un mediano plazo de seis años, es decir, para el año 2024.

Si pierde AMLO

En primer lugar, este es el escenario menos probable. Podemos plantear dos situaciones: si pierde “a la mala” o si pierde “a la buena”.

Si pierde a la mala, es decir con fraudes, argucias legales o machincuepas, sería “soltar al tigre”. En este caso, el régimen político y el gobierno resultante quedaría en serios problemas de legitimidad. Es probable que la política económica se mantenga a nivel macro y a corto plazo se mantengan las inversiones actuales. Porque a mediano plazo la frustración política de la sociedad socavaría la economía del país. La lucha a la corrupción y al narcotráfico se mantendrían, con algunos ajustes e innovaciones, sin mayores cambios como han sido en este sexenio. A mediano plazo, el hecho sería una regresión política a los peores tiempos del autoritarismo y la represión. Esto sí sería volver al pasado y esto se parecería más a la actual Venezuela.

La opción de que AMLO pierda a la buena es difícil de aceptar. Aunque se pueden imaginar situaciones de este tipo, no tiene caso especular sobre esto por el momento. Si se da, va a ser muy evidente.

Si gana AMLO

Esta es la opción más probable. Entonces entraremos en tiempos muy interesantes, de mucha deliberación pública y de gran incertidumbre. A corto plazo, habrá noticias llamativas pero sin impacto económico, como esa de que el presidente viva en Palacio Nacional o de que se baje el sueldo a los funcionarios. El cambio inmediato sería de la élite gobernante, nuevos perfiles; pero, aunque la clase política se renueve y recomponga, habrá una gran cargada de viejos políticos para subirse al carro de la nueva hegemonía y mantenerse dentro del presupuesto. Observaremos un cambio de lenguaje y de símbolos con más referencias al pueblo y a los pobres; podemos esperar mayor austeridad y una recomposición de programas gubernamentales, pero la pobreza persistirá. Aunque al principio habrá una sacudida, a mediano plazo el gobierno y la burocracia se recompondrán y se mantendrán muchos de sus vicios y privilegios.

Vistos los asesores que lo rodean y el acercamiento de AMLO con los empresarios, la política macroeconómica seguirá siendo de corte neoliberal y de economía abierta; sin embargo, la revolución se dará en la distribución y ejercicio del gasto público con la creación de programas de apoyo para los jóvenes y grupos vulnerables. Los resultados en la inversión y el empleo dependerán de que se logre mantener un difícil equilibrio entre las variables macroeconómicas (deuda, inflación, impuestos y balanza comercial) y los programas estatales de gasto. Esta será la tormenta del sexenio en la que existe el riesgo de naufragar. Todo dependerá de la credibilidad y de la confianza que logre transmitir el nuevo gobierno. Hay incertidumbre. La esperanza es que a mediano plazo, el sexenio termine con buenas cuentas y saldos favorables.

En lo que se refiere a la corrupción y la inseguridad: la primera es probable que descienda y se avance en una nueva manera de hacer las cosas, pero no desaparecerá. Esperemos que mejore el sistema de justicia y se reduzca la impunidad. La inseguridad es también un campo para la esperanza; si la hipótesis de AMLO funciona, el apoyo a los jóvenes deberá producir resultados a mediano plazo, es decir hasta dentro de varios años.

Pero lo más importante es que habrá un cambio de régimen político. No estoy seguro de que sea muy democrático, pero ya no será ni la misma élite política, ni los mismos modos de gobernar. Esperemos.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.