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La imagen fue capturada por Lupita Centeno

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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TLC, guerra comercial y elecciones

Alvaro Bracamonte Sierra*

El fragor de la contienda electoral confinó en el olvido la cuestión comercial que, para el futuro de la economía mexicana, es poco menos que todo. Se anticipaba que la modernización del acuerdo de libre comercio sería compleja dada la convicción del mandatario estadounidense de que constituye un mal negocio para su país. Desde la campaña –e incluso durante la precampaña, cuando era impensable que llegaría a ocupar la Casa Blanca–, sostuvo que lo anularía, bajo el argumento de la pérdida de empleos derivada de la relocalización industrial en Canadá y México; lo manejaba así para justificar su postura radical. Aunque preocupaba ese amenazante plan trumpiano, se confiaba en que perdería y, si eventualmente ganaba, ya instalado en la Oficina Oval tendría que reconsiderar sus promesas.

Todos o casi todos nos equivocamos: Trump sigue sosteniendo lo mismo. Sus desplantes disruptivos y volubles mortifican no sólo en los países signantes del TLCAN sino también en la OMC y, desde luego, entre las naciones cuyo mercado de mayor exportación es el de Estados Unidos.

Sus amenazas se recrudecieron en las últimas semanas y han propiciado gran incertidumbre en la economía mundial. La idea de contar con un primer borrador del denominado TLC 2.0 para mayo, definitivamente quedó sepultada. La cláusula Sunset, las reglas de origen y las ventanas a la exportación de productos agrícolas fueron rechazadas tajantemente por México y Canadá. Ello volvió intrincado un posible cierre de negociaciones, a tal grado que hoy nos hallamos en una especie de limbo pues no se sabe bien a bien cómo evolucionarán las negociaciones.

México y Estados Unidos tienen procesos electorales en el 2018 y en el vecino país no se descarta una conformación de las cámaras contraria al magnate. Los legisladores tendrán en sus manos la aprobación del Tratado, y las dudas a despejar en torno a cómo votarían los nuevos representantes son crecientes debido a que se teme que una “House” dominada por demócratas se oponga a la modernización del TLC.

Mientras eso sucede, a la Casa Blanca se le ocurrió aplicar un conjunto de gravámenes al acero y aluminio importados de Europa y del bloque norteamericano conformado por México y Canadá. Esta decisión ha sido tomada por los afectados como una declaración de guerra comercial; la respuesta: incrementar los impuestos a una canasta de productos vendidos por Estados Unidos.

De no detenerse esta puja, no se descarta la aplicación de otros gravámenes y, por lo tanto, una generalización del proteccionismo. Las consecuencias de este escenario parecen a todas luces ominosas. En el caso de México sería devastador debido a la naturaleza exportadora que distingue a la economía mexicana. Una oleada proteccionista como la que se ve venir pondría en jaque el modelo de crecimiento seguido desde hace tres décadas.

Las repercusiones regionales también serían significativas. Especialmente en el norte del País, las actividades ligadas a la economía de Estados Unidos serían las más afectadas. Sonora no sería la excepción, ya que gran parte del valor agregado que se produce en la entidad se dirige al mercado norteamericano. El sector automotriz, considerado el corazón industrial de Sonora, se vería afectado con la guerra comercial, y no se diga la agricultura y la ganadería, cuya producción se coloca en buena parte en los grandes almacenes estadounidenses.

Ojalá los tambores de guerra se disipen rápidamente y pronto se reencuentren la cordura y el sentido común. De lo contrario, será necesario prepararnos para un largo proceso de restructuración productiva donde consumiríamos exclusivamente lo que México produce.

Esta complicada perspectiva ha quedado invisibilizada por la dura campaña electoral. Qué bueno que en unas cuantas semanas se despejará la incógnita de quién sucederá a EPN. Será hasta entonces que tendremos tiempo para atender con detenimiento la delicada cuestión comercial. Esperemos que no sea demasiado tarde y haya posibilidades de sensibilizar a quien corresponda de una alianza estratégica, como la que debe existir entre México, Estados Unidos y Canadá, implica pensar regionalmente y no sólo en su propio país.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.