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El liderazgo carismático de López Obrador

Nicolás Pineda*

El tipo de autoridad y liderazgo que ejerce AMLO ha sido definido como místico, cruzado, iluminado o mesías. Max Weber, el pensador social alemán de principios del siglo XX, lo llamaría “líder carismático”. Este sociólogo planteó una serie de características distintivas ideales de la autoridad carismática; se trata de un modelo que nunca se da de manera completa y pura. AMLO cumple varias de estas características.

La lógica del poder carismático

Su característica principal es que ejerce una fuerte atracción sobre las masas y generalmente se enfrenta al poder establecido y busca derrocar poderes tradicionales. Su poder es principalmente moral y se basa en sus virtudes extraordinarias como honestidad, autenticidad y en la trascendencia de sus ideas. Se trata de un poder centrado en la persona.

Otra característica es que tiende a rodearse de un grupo de seguidores fieles y devotos, no profesionales, que se asumen como los verdaderos intérpretes de su pensamiento y los proclamadores de sus dichos, hazañas y “milagros”. Estos seguidores compiten entre ellos por ser el más cercano o el que entiende mejor su mensaje. Con el tiempo, los seguidores se enfrascan en intrigas, se dividen en diferentes ramas y no faltan incluso quienes deserten o traicionen al líder.

En el modelo ideal, el líder carismático no tiene una base económica sólida y fuerte (en contraste con los líderes tradicionales cuyo poder se basa en la riqueza, además del uso de la fuerza). El carismático en cambio se apoya en los donativos voluntarios de simpatizantes. Su fuerte no es el dinero ni su administración, sino el trabajo en especie y la acción colectiva de los seguidores. Éstos son capaces de someterse a grandes privaciones para apoyar la obra de su líder. Con esta dinámica, no es extraño que las multitudes fervientes puedan derrotar a ejércitos profesionales y disciplinados. Por ello, el carismático es motor de grandes cambios.

Cuando el líder carismático llega al poder formal, tiende a ejercerlo de manera omnímoda y centralizadas; su palabra es la última y si se equivoca vuelva a mandar. Una vez al mando tiende a permanecer en el poder.

De manera natural el líder tiende a irse endureciendo conforme pasa el tiempo. Sus ideas pierden brillo y sus logros concretos no están a la altura de los ideales y las expectativas iniciales.

Con el tiempo, la gran debilidad del líder carismático es que es mortal. La transición y transmisión del poder es su gran problema. Puede tratar de dejarlo a un heredero y convertirse en una especie de monarquía. O bien tratará de dejar el poder a alguno de sus más cercanos y fieles seguidores.

El líder que más trasciende es el que muere joven y en la lucha, como el Che Guevara o muchos héroes nacionales. Incluso Juárez murió antes de que pudiera desarrollar la lógica del poder carismático. Algunos consideran que, de haber vivido más tiempo, se hubiera perpetuado en el poder.

Los líderes que envejecen en el poder sufren un desgaste natural como le sucedió a Fidel Castro quien, por cierto, dejó el poder a su hermano. Hugo Chávez en cambio se lo dejó a uno de sus más fieles seguidores. Perón le dejó el poder a su segunda esposa, Isabel. En la derecha están también dictadores como Franco.

La muerte del líder es una gran crisis para su legado. El gran temor es que al faltar el líder se acaba el proyecto y se deshagan los logros.

El carisma de AMLO

AMLO cumple con muchas de las características de líder carismático y otras están en nivel de tendencia o promesa. Su personalidad honesta y auténtica atrae muchos seguidores; despierta una amplia esperanza de que las cosas van a mejorar. Sus ideas tienden a ser simplistas, pero pegadoras de modo que todo mundo las comprende. Es especialmente atractiva su lucha contra la corrupción.

En su equipo de trabajo se mezclan seguidores a ultranza con técnicos y expertos profesionales en la materia y algunos oportunistas o arribistas.

Entre las características que no encajan con el modelo carismático están sus promesas de administrar técnicamente el presupuesto, no desequilibrar el ingreso y gasto y de no endeudarse. Pero la que más contrasta es su promesa de dejar el poder en el 2024. Sin embargo, si cumple el compromiso de no perpetuarse, sí es probable que ponga a su sucesor y se convierta en un “jefe máximo”, al menos por un tiempo, como sucedió con Plutarco Elías Calles.

Lo más recomendable para que perdure la obra de un líder carismático es que se institucionalice. Esto implica dar el poder a las instituciones. Por ejemplo, para desterrar la corrupción se requieren fiscales profesionales y autónomos, jueces insobornables y un aparato de justicia profesional que responda a las leyes, no a una persona. Para combatir a la inseguridad, se requiere una carrera de policía profesional con valores bien establecidos.

Sin embargo, hasta ahora, AMLO parece confiar más en su carisma personal que en crear instituciones.  O ya veremos cómo se desenvuelve.

*Profesor-investigador en El Colegio de Sonora.